¡El Mejor Regalo de Cumpleaños!

BY : El8Culpable
Category: Spanish > Celebrity
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Disclaimer: Esta es una obra de ficción. NO sucedió fuera de la imaginación del autor. Su único personaje real es la famosa que aparece en este, a la cual no conozco personalmente. No he ganado ni un puto centavo con la escritura de esta historia.

Prefacio: Entre 2015 y principios de 2020 publiqué una serie de relatos en un sitio web dedicado exclusivamente a relatos eróticos protagonizados por celebridades. Dicho sitio web (que no voy a poner su nombre aquí) ya no existe. Este fue el primero de los relatos que publiqué; lo he recuperado usando cierta herramienta para ver sitios web que ya no existen (sí, esa misma).

Ahora, no tengo planes para postear todas las historias que subí a ese otro sitio web. En primer lugar porque no pude recuperarlas todas: no guardé copias de los relatos que iba escribiendo en mi PC (sí, ya sé que soy un estúpido; por favor, no me lo señalen) y no tengo ganas de reescribir todos los relatos que se perdieron desde cero; si hubiese conocido la existencia de AFF en la época en la que escribí esas historias las habría publicado simultáneamente en ambos sitios web. Y en segundo lugar porque (y odio admitir esto) dichas historias eran la prueba irrefutable de que nunca llegaré a ser escritor: entre otras cosas, eran increíblemente repetitivas, si leías una ya las habías leído todas, lo cual saltaba a la vista en especial con los protagonistas, que eran básicamente el mismo protagonista de toda historia que alguna vez se me haya ocurrido, en cuanto a físico y personalidad, sólo que con diferente nombre y unos pocos cambios aquí y allá.

Por la razón anterior, este será el único de dichos relatos que voy a publicar en AFF, pues no quiero aburrir a los lectores. No obstante, ya he visto a otros sitios web que había dado por muertos revivir de una forma u otra y, de suceder eso en este caso, consideraría la posibilidad de subir todos los relatos que alguna vez publiqué allí también a AFF.

He hecho una serie de modificaciones al relato original que recuperé con la esperanza de hacer su lectura más disfrutable (y acorté el título original porque tenía más de 50 caracteres). No obstante, no incluyo este relato en la categoría “AFFO” pues la versión original de este todavía puede ser leída con la ayuda de la ya mencionada herramienta para ver sitios web que ya no existen.

La famosa a la que está dedicado este relato es la modelo inglesa Kelly Brook, quien por mucho tiempo fue una de mis celebridades favoritas. Solía tener una de las bellezas más espectaculares del mundo; incluso leí una vez un artículo donde se afirmaba que los científicos habían determinado que era la mujer matemáticamente perfecta. En particular, les recomiendo que vean las fotos de su calendario de 2015. Lamentablemente, desde hace unos años lleva padeciendo problemas de sobrepeso. Aunque sigue siendo atractiva, para mi es más que evidente que su mejor época ya es historia antigua. Es una pena.

Este relato está ambientado en Inglaterra, un país que no he visitado (de hecho, nunca he salido de mi país natal). Espero que este hecho explique todas las imprecisiones acerca de cómo son las cosas en el Reino Unido que pueda contener la historia.

Pero como creo que ya deben estar hartos de tanta pendejada… ¡pasemos a la historia!


Sentado en una banca de un pequeño parque de Londres, poco después de haber almorzado, Oliver contemplaba el aburrimiento que iba a conformar el resto de su día.

Ese día (sábado) era su cumpleaños número catorce. Sabía que, como en todos sus cumpleaños hasta ese momento, a la hora de la cena su reducida familia (su madre, su padre, su tía —la hermana de su madre— y su única prima), con sonrisas forzadas y fingidas, compartiría un pastel, comería sándwiches (y/o cualquier otro alimento rico en calorías que no le permitían tocar en cualquier otra ocasión), bebería gaseosas y le entregaría sus regalos. La clase de regalos que le entregaban explicaban porque la comida era lo único que recordaba con cariño de sus cumpleaños. Estos siempre consistían de cosas envueltas en papeles de colores mucho más alegres que el regalo en sí: casi siempre ropa o perfumes.

Él nunca entendió porque esa obsesión por regalarle perfumes. Podía entender que le regalaran ropa: él crecía, haciendo que su ropa vieja ya no le quedara o esta se desgastaba. Pero… ¿perfumes? ¿Era una forma indirecta de decirle que apestaba? ¿Quién insiste en regalarle perfumes a alguien que nunca los usa?

Nunca usaba perfume porque intentaba no parecer aún más femenino. Su tez de blancura inmaculada, sus ojos grandes y verdes, su cabello largo y rubio pálido (era su madre quien insistía que lo llevara largo: “¡es que así te ves más bonito!”, “¡es que sería un crimen llevar corto un cabello tan sedoso!”…), su rostro con sus delicados rasgos de muñeca de porcelana, su cuerpo delgado y esbelto de bailarina de ballet y sus manos pequeñas y gráciles le habían ganado encarnizadas burlas y acusaciones de homosexualidad por parte de sus compañeros de clases.

Esto (combinado con su personalidad naturalmente tímida, reservada y tranquila) había hecho que nunca tuviese muchos amigos (y probablemente hubiese que entrecomillar ese sustantivo) y que estos pocos nunca se hubiesen aparecido en un cumpleaños suyo. También había causado que la nota característica de todas las horas de su vida que no estaban ocupadas por sus estudios fuese el tedio más absoluto. Sus estrictos padres le tenían prohibidos los videojuegos, vigilaban constantemente que páginas visitaba en el Internet y él se cansaba de ver las pocas películas y oír la poca música que le estaban permitidas una y otra vez. Por otra parte, esto también había provocado que tuviese unas calificaciones casi impecables… lo malo era que algunas personas usaban esto como otra “prueba” de su supuesta homosexualidad.

Harto de ahogarse en ese mar de pensamientos y sentimientos negativos, Oliver se puso de pie, se desperezó y empezó a caminar de regreso a casa. En la soledad de su cuarto podría seguirse ahogando en dicho mar, pero con la ventaja de que el resto del mundo no podría ver la patética expresión de su rostro.

#######

Cuando se acercaba al apartamento donde vivía, él no pudo evitar detenerse (igual que su corazón) frente a la puerta del apartamento donde vivía ELLA. Y él no podía no pasar por allí: era inevitable que pasara frente a esa puerta cada vez que venía a su hogar o se iba de este.

Aun recordaba vívidamente el día que Kelly Brook se mudó al mismo complejo de apartamentos donde él vivía, tan sólo seis meses atrás. Sólo la vio un instante antes que entrara en su apartamento, mientras los hombres del servicio de mudanzas seguían metiendo sus cosas en éste, pero sólo eso bastó para que el muchacho se sintiera a unos pocos pasos del Paraíso. La larga melena castaña, los ojos cafés, la boca ancha de sensuales labios carnosos, la silueta de reloj de arena… ¡No había ninguna duda! ¡Era ella! ¡ERA KELLY BROOK! ¡La mujer más perfecta de todo el Reino Unido! ¡NO: DEL MUNDO ENTERO!…



¡E IBA A VIVIR EN EL MISMO EDIFICIO QUE ÉL!

(Claro, por muy estrictos que fuesen sus padres, estos no iban a poder evitar que un chico inteligente como él supiese de la mujer más deseada del país. Él había encontrado formas de ver muchas fotos de ella en bikini o en lencería, así como varios clips picantes, en el Internet y otros medios).

Pero, con el tiempo, él se daría cuenta que no existía ninguna razón para la euforia que este hecho le provocó. En su primer día de clases después de su llegada, sintió como si Kelly le hubiese contagiado su status de celebridad. Chicos que, en el mejor de los casos, lo ignorarían o, en el peor, lo atormentarían por su apariencia femenina, su acercaban a él embargados por un temor casi reverencial. Él nunca entendió como es que se habían enterado, pues nada les había dicho (aunque supuso, lógicamente, que fue a través de los medios de comunicación y los chismes del vecindario) pero dejó que esta atención se le subiera a la cabeza… lo que hizo que el desengaño posterior fuese aún más doloroso.

Cuando los otros chicos se dieron cuenta que con lo único que podía responder a sus preguntas eran muchas encogidas de hombros y unas pocas frases insulsas rápidamente volvieron a tratarlo como antes. Para ese momento, ya casi nadie recordaba que él era vecino de Kelly Brook y, de hecho, esto se había convertido en prácticamente otra fuente de mortificación, casi como las constantes acusaciones de homosexualidad. ¿Y qué había esperado? ¿Qué, sólo por vivir en el mismo edificio, Kelly Brook iba a pedirle matrimonio? ¡Pero si esta es la clase de mujer que seguramente sólo se iba a la cama con modelos de Calvin Klein! ¡Era imposible que se interesara en un niño que parecía niña como él! El único beneficio que había ganado de ser el vecino de Kelly Brook era verla unas cuantas veces cuando se iba o venía a su apartamento (aunque había que reconocerlo: ella lucía absolutamente deliciosa todo el tiempo, ya sea que saliese para sacar a pasear a su perro o volviese de ejercitarse; Kelly Brook debía de ser la única mujer con la que se cumplía eso de “te ves preciosa hasta recién levantada”). Adoraba verla alejarse porque eso le daba una oportunidad de ver su perfecto trasero contoneándose de una forma que debería ser enseñada en las escuelas. Pero esto sólo sucedía cuando ella se encontraba en casa: muchas veces se ausentaba por largos periodos de tiempo, obviamente para asistir a alguna fiesta en Hollywood o para pasear por alguna playa tropical. ¿Qué más podía hacer? Durante un tiempo, había acariciado la idea de tocar repetidas veces a su puerta con algún pretexto con la esperanza de que, al menos una de esas ocasiones, ella respondiera vistiendo sólo su ropa interior. Pero todo lo que se le ocurrió lo habría hecho lucir idiota y/o desesperado y, además, sólo de pensar lo que le harían sus padres si se enteraban de esto le daba escalofríos.

Cuando terminó de torturarse con estos recuerdos y pensamientos negativos, suspiró con fuerza y siguió caminando cabizbajo hacia la puerta del apartamento donde vivía con sus padres.

Sólo había avanzado unos pocos pasos cuando escuchó una voz de soprano llamándolo alegremente desde atrás:
—¡Hola, Oliver!

La sorpresa que le causó reconocer esa voz de una película hizo que su corazón se detuviera y sus ojos se abrieran grandes como platos. Se dio vuelta lentamente, como temiendo que esto fuese una ilusión que se desharía si se movía con rapidez.

—Porque ese es tu nombre, ¿no? ¿Oliver? —dijo la voz con una sonrisa.

Era ella: Kelly Brook. Vestía una camiseta blanca que resaltaba su incomparable busto, unos jeans muy ceñidos y unas botas altas. Llevaba su larga melena castaña suelta y le regalaba una de sus características sonrisas que parecían decir que ella era la razón por la que el Sol salía cada mañana. La mitad de su cuerpo sobresalía por la puerta entreabierta de su apartamento, dándole a ella una apariencia traviesa, como el gato que se acaba de comer al canario. Oliver no pudo evitar sentirse extremadamente dichoso de ser el mortal al que Kelly Brook dirigía su voz y su sonrisa.

—¿Es que no vas a contestarme? —dijo ella con otra sonrisa.

Fue sólo en ese momento que Oliver se dio cuenta que se había quedado parado como un pasmarote sólo Dios sabe qué cantidad de tiempo, probablemente con la boca abierta y una expresión idiota en el rostro.

—¿Qué?… ¡Oh! ¡Oh! ¡Mi nombre sí es Oliver! —dijo con tanto nerviosismo que las palabras salieron de su boca casi tartamudeadas… y, después de una larga pausa, agregó un casi gritado— ¡HOLA, SEÑORITA BROOK!

Ella soltó una breve carcajada y, mientras salía de su apartamento y se acercaba unos cuantos pasos a él, continuó:
—No, por favor: no me llames “señorita Brook” porque se escucha demasiado formal. Llámame sólo Kelly.
—De acuerdo, seño… —respondió casi susurrando, para después agregar impetuosamente, casi a los gritos— ¡QUIERO DECIR!… —y después agregar con una voz más normal— Kelly…

Lo que siguió a esto fue una larga pausa, con Oliver cabizbajo porque no se atrevía a ver a la cara a Kelly Brook.

Cuando el incómodo silencio se volvió insoportable, al chico no se le ocurrió otra cosa que preguntar, con el tono más casual que pudo imprimirle a su voz:
—¿Qué se te ofrece, Kelly?
—Escuché que hoy es tu cumpleaños, ¿es eso cierto? —preguntó ella, aun sonriendo.
—¡Sí! —exclamó él, finalmente levantando la mirada del piso.
—¿Cuántos años cumples? —todavía con esa sonrisa suya.
—¡Catorce! —exclamó lleno de un orgullo estúpido porque a Kelly Brook le interesaba su cumpleaños.

Después de una breve pausa, ella agregó:
—¿Sabes? Me gustaría que dentro de más o menos una hora pasaras por mi apartamento.
—Pero… ¿Por qué? —preguntó, tras una pausa, su voz casi inaudible debido a la sorpresa.
—¡Para darte un regalo de cumpleaños! —respondió ella alegremente.

Después de una larga pausa, él, de nuevo casi sin voz y con los ojos muy abiertos por la sorpresa, preguntó:
—Pero… ¿Por qué deseas darme un regalo, Kelly?

En ese momento, ella dejó de sonreír y adoptó un aire más serio, casi melancólico:
—¿Sabes, Oliver? Has sido un vecino maravilloso en estos seis meses y me gustaría recompensarte por eso… —después de una breve pausa, sonrió de nuevo y agregó alegremente— ¡Entonces nos vemos en una hora!

Una vez que dijo eso último, se dio media vuelta, se metió en su apartamento y cerró la puerta al final.

Oliver siguió de pie, inmóvil y estupefacto, en ese mismo punto por un largo rato.

#######

Cuando salió de su estupor, lo primero que hizo fue ver la hora en su celular. Después, fue corriendo a su apartamento y se encerró en su cuarto a toda velocidad. Sus padres, con el auto de la familia, en ese momento, como en todos sus cumpleaños, estaban trayendo a su tía, a su prima (que vivían muy lejos) y al pastel, y probablemente no vendrían hasta poco antes de la hora de la cena así que ellos probablemente no se enterarían que había visitado a Kelly Brook (a sus padres no les gustaba tener por vecina a una celebridad “promiscua”, como ellos la llamaban). Una vez dentro, se cambió de ropa y de zapatos, se peinó, se cepilló los dientes e hizo algo que normalmente no haría: se puso perfume (puede que sus familiares tuviesen razón y él apestara y no podía permitirse apestar en frente de Kelly Brook).

Una vez terminados los preparativos, todavía quedaba mucho tiempo antes que fuese hora de que la visitara. En ese tiempo, él no pudo parar de sonreír, de retorcerse las manos y brincar en su cuarto (normalmente, las horas esperando a que empezase su “fiesta” de cumpleaños serían una larga y tediosa tarde de estar encerrado en su cuarto no haciendo mucho). Él veía una y otra vez la hora en su celular, como si ese acto pudiese hacer que los segundos transcurrieran con mayor rapidez. Pero, en ese tiempo, él tampoco pudo dejar de pensar: ¿a qué se había referido Kelly con eso de “ser un vecino maravilloso”? Sin lugar a dudas, saludarla las pocas veces que se cruzaban en el edificio (y ella raras veces le devolvió el saludo) no podía contar como “ser un vecino maravilloso”. El mundo no funcionaba como una película para adultos, así que no podía ser posible que Kelly simplemente lo hubiese visto un día y hubiese decidido meterlo a su apartamento con cualquier endeble excusa para follárselo en todas las posiciones del Kama Sutra (aunque no podía dejar de desear que eso fuese lo que sucediera). Lo más probable, concluyó, era que Kelly Brook simplemente fuese una buena vecina, del tipo que les hace regalos a los hijos de sus vecinos cuando estos cumplen años. Oliver estaba consciente que lo más probable era que el regalo fuese algo aburrido como otra maldita botella de perfume… pero, ¡qué demonios!: ¡iba a recibir un regalo de cumpleaños de Kelly Brook! ¿Cuántos chicos podían afirmar eso? ¡Era válido que estuviese emocionado!

Cuando finalmente llegó la hora en la que Oliver se había dicho que iría por su regalo, salió corriendo de su cuarto y del apartamento donde vivía (en ese periodo casi había enloquecido de la impaciencia) y fue al apartamento de Kelly. Antes de tocar el timbre, se obligó a tranquilizarse; no quería comportarse como un idiota frente a Kelly Brook.

Cuando finalmente lo hizo, no tuvo que esperar mucho antes que Kelly fuese a responder a la puerta. Kelly sacó la cabeza por la puerta y le sonrió. Sólo se necesitó una sonrisa para que el corazón de Oliver cantara de alegría. Ella lo saludó y, acto seguido, lo hizo pasar.

Una vez dentro, Oliver tuvo muy poco tiempo para ver cómo era el interior del apartamento. Cuando volvió a ver a Kelly, quien se había quedado parada entre él y la puerta, como intentando bloquearle cualquier ruta de escape, notó que ella estaba usando una bata de color rosado claro, como las que se usan después de bañarse, que la cubría de cuerpo entero. Estuvieron un largo rato simplemente parados el uno frente al otro, ella sonriéndole y él sintiéndose cohibido. Extrañado y finalmente siendo dominado por la impaciencia, preguntó con timidez “¿Dónde está mi regalo?”

La única respuesta de Kelly fue ensanchar su sonrisa aún más y quitarse la bata. Oliver quedó boquiabierto, sus ojos desorbitados, al ver que lo único que Kelly Brook llevaba puesto era un diminuto bikini rojo y unos zapatos negros de tacones altos; el mismo exacto atuendo que Kelly usó en la película Piraña 3D (Oliver, una noche en la soledad de su cuarto, se había masturbado recordando una escena de ese filme que había visto en Internet: aquella donde Kelly nada desnuda y se besa bajo el agua con una actriz porno rubia). Ella empezó a caminar lentamente hacia él, contoneando sus caderas con una sensualidad indescriptible. El muchacho absorbía con los ojos hasta el último detalle del movimiento de las caderas de Kelly y el bamboleo de sus senos. Ella se acercó hasta presionar su busto contra el pecho del chico.

Como prediciendo que en ese preciso instante Oliver iba a preguntar “¿pero por qué yo?”, Kelly lo rodeó con sus brazos y besó apasionadamente. Cuando rompió el beso, todo lo que ella dijo fue:
—Como ya te dije, has sido un vecino maravilloso y quiero recompensarte —con un tono de voz seductor y otra de sus características sonrisas (destacada por el lápiz labial, del mismo color rojo intenso que su bikini, que se había aplicado).

Kelly tomó a Oliver de su mano y lo guió a su dormitorio. Al lado de su cama, ella volvió a abrazarlo y besarlo. Esto hizo que el chico finalmente saliera del trance en el que había caído. Sonriendo, rodeó a Kelly con sus brazos, estacionando sus manos en sus caderas, y le devolvió el beso. Este se hizo cada vez más y más intenso, cada uno de ellos metía su lengua en la boca del otro con mucha voracidad. Asimismo, dejaron de contentarse con simplemente rodearse con sus brazos: sus manos empezaron a explorar el cuerpo del otro con mucho entusiasmo. Las manos de ella pasaban de apretar el pequeño pero perfectamente redondito culito de Oliver (que la había fascinado desde el primer día que se mudó a ese edificio), a recorrer su delgado pecho y jugar con el bulto que se había formado en sus pantalones. Las manos de él exprimían sus inmensas ubres y nalgas y se extraviaban en su cintura, sus caderas y sus muslos.

Sin romper el beso, las manos de Kelly se dirigieron a su cinturón, deshaciéndolo con habilidad. Después de eso, procedieron a desabotonar su pantalón y bajar el zipper. Una vez que el pantalón cayó hasta sus tobillos, ella rompió el beso para, con una breve carcajada, darle un empujón con el que el chico cayó de espaldas en la cama. Sorprendido por lo repentino de esto, el chico quiso preguntarle porque lo había hecho pero no pudo pues ella ya estaba quitándole los zapatos y los calcetines para terminar de despojarlo de su pantalón. Una vez que finalmente se lo quitó, ella le dedicó unos breves instantes a acariciar con sus dedos, que tenían largas uñas postizas del mismo color que su lápiz labial, el considerable bulto del chico, el cual todavía estaba atrapado dentro de sus bóxeres. 
Un pensamiento preocupó a Oliver en ese instante: ¿y si a Kelly Brook no le gustaba su pene? Con nerviosismo vio como ella le bajaba sus bóxeres, hasta exponerlo, el cual saltó como un resorte. Pero la reacción de Kelly fue la opuesta a la que temía… Ella se incorporó sorprendida, con una sonrisa de oreja a oreja, los ojos grandes como platos, y exclamó entusiasmada:
—¡OLIVER, TIENES LA MEJOR POLLA QUE HE VISTO EN MI VIDA!
—¿Lo dices en serio? —interrogó, todavía incrédulo.
—¡Claro que sí! ¡ES MUY LARGA!… ¡Y MUY GRUESA!… ¡PARECES UN CABALLO!

Ella terminó de quitarle sus bóxeres y se arrodilló entre sus piernas, las cuales colgaban del borde de la cama. Con su mano derecha empezó a masturbarlo lentamente, mientras que la mano izquierda jugaba amablemente con sus bolas. Él hundió su cabeza en la cama, su rostro apuntando al techo del apartamento mientras experimentaba la suavidad de las manos de Kelly Brook en su pene. Repentinamente sintió algo suave y húmedo envolviendo su polla y él se incorporó para contemplar la imagen celestial de su miembro desapareciendo dentro de la boca de Kelly Brook. Ella lo volvió a ver a los ojos, su mirada desbordante de lujuria. Durante los minutos siguientes, ella, experta y lentamente, se metía el pene del chico hasta que la totalidad estaba dentro de su boca y su nariz quedaba aplastada contra el pubis de él, para después sacárselo hasta que sólo quedaba el glande entre sus labios y volver a empezar el proceso mientras sus manos masajeaban el vientre del chico y con su lengua, labios y dientes hacía todos los trucos que conocía para el sexo oral.

Repentinamente, Kelly se sacó su polla de la boca y le preguntó:
—Oliver, ¿te gustaría que me sentara en tu cara?

Él se incorporó en la cama, la sorpresa pintada en todo su rostro, de su garganta no saliendo nada más que sonidos ahogados de confusión.

Ella dijo, sonriendo y con un tono de voz travieso, “tomaré eso como un sí”, se puso de pie y empezó a quitarse el top de su bikini. Una vez que se lo hubo soltado, todavía lo sostuvo contra sus pechos usando sus manos, sobándoselos y haciéndolos rebotar, para provocar al chico. Cuando finalmente se lo quitó, arrojándolo de forma seductora por encima de su hombro para que se mezclara con las ropas de Oliver, el joven pudo admirar los pezones más sexys del mundo: grandes, redondos, rosados… una imagen que podía hacer agua la boca de cualquier hombre. Después, Kelly se quitó su tanga mientras se contoneaba de forma muy erótica, como si estuviese haciendo un striptease, mostrándole al muchacho un trasero superior inclusive al de Jennifer López y un pubis perfectamente depilado. Antes de subirse en la cama, se quitó sus zapatos de tacón. Él, mientras tanto, se quitó su camisa, que lanzó al piso con el resto de las ropas, quedando completamente desnudos ambos. Ella, parada en la cama, se movió hasta poner un pie a cada lado de la cabeza de Oliver. Mirando hacia abajo y sonriendo con coquetería, Kelly procedió a ponerse en cuclillas, separando sus nalgas con sus manos, hasta cubrir con sus glúteos la cara del chico. Él usó sus labios y su lengua para explorar meticulosamente la raja del culo de ella, lo cual produjo que el apartamento se llenara con los gemidos y suspiros de la Diosa. Las manos de él llenaban de caricias sus nalgas y muslos. Finalmente, las envió a la vagina de ella, para frotar sus dedos rápidamente contra su clítoris (algo que había visto en una porno, a escondidas de sus padres). Esto provocó que Kelly aumentara aún más su presión sobre el rostro de Oliver.

Ella le preguntó con voz soñadora:
—Oh, nene: ¿Dónde aprendiste a hacerlo tan bien?

Pero él no pudo responderle con su boca llena de ella. Lo que hizo fue mover una de sus manos hacia el trasero de la voluptuosa famosa y la hundió entre sus nalgas, donde sus dedos procedieron a ayudar a su boca en la exploración de su ano.

—¡OH, DIOS, NENEEEEEEEEEEE! —ella gritó, arqueando su espalda hacia atrás, mientras sus jugos estallaban en su primer orgasmo del día.

Kelly procedió a mover su trasero en serio, rebotando en la cara de él con alegría.

Todo lo que había experimentado esa tarde provocó que la timidez natural de Oliver desapareciera de repente. Después de un largo rato con ella haciéndole eso, con un ágil movimiento, se quitó a Kelly de encima arrojándola a un lado sin previo aviso y con violencia. Ella, sorprendida por primera vez en la tarde, intentó incorporarse y pedirle una explicación al muchacho, pero, antes que pudiera hacerlo, él la puso boca arriba en la cama, pasó las piernas de ella por sobre sus hombros, dobló el cuerpo de la famosa con rudeza, como si fuese una muñeca de trapo, y procedió a penetrarla con una ferocidad casi salvaje. La vagina de Kelly se sentía maravillosamente cálida, húmeda y apretada. Él le metía y le sacaba la polla con la mayor velocidad e intensidad que podía imprimirle a sus movimientos, hundiendo su miembro a la mayor profundidad posible cada vez, haciendo que sus bolas se estrellaran con las nalgas de Kelly. Mientras hacía eso, su boca y sus manos se entretenían con las tetas de Kelly Brook como cada hombre heterosexual y mujer lesbiana en el Reino Unido desearían hacer: sus manos apretaban y masajeaban; su boca chupaba, lamía y mordía. Él se ensañó particularmente con los sexys y duros pezones de Kelly: pellizcándolos, tirando de ellos y retorciéndolos con sus dedos, sus labios, sus dientes y su lengua. Kelly gemía, chillaba y reía ruidosamente, todo el tiempo implorándole que le diera más y más duro. No había nada tierno o romántico en esto: sólo sexo animal en su expresión más pura.

Finalmente, Kelly Brook empezó a gritar a todo pulmón a causa de otro orgasmo. Pero eso no fue suficiente para que Oliver alcanzara uno propio y siguió dándole duro a Kelly hasta que ella alcanzó un tercero… y un cuarto… y varios más. Cada uno de los estallidos de Kelly cubrió el pubis del chico con sus jugos. Sus gritos casi dejan sordo a Oliver.

Finalmente, una agotada y empapada en sudor Kelly Brook tuvo que suplicarle que se detuviera, que necesitaba que le diera un respiro. Al principio, él no la escuchó, empeñado como estaba en seguir empalándola con su miembro. Pero, finalmente, él entendió lo que ella estaba intentando decirle y salió de su cuerpo. Oliver dejó que Kelly recuperara su aliento. Ella jadeaba con fuerza, gruesas gotas de sudor bajaban por su piel, una sonrisa de oreja a oreja decoraba su rostro y su exhausto cuerpo no hubiese sido capaz de moverse ni aunque su vida dependiera de ello.

Él se acostó a su lado y admiró la belleza de una Kelly Brook agotada y satisfecha por innumerables orgasmos mientras reflexionaba sobre lo privilegiado que era al tener una oportunidad de follarse a la mujer más deseada de Inglaterra.

Cuando Kelly finalmente recuperó sus energías, exclamó con inmensa felicidad:
—Oliver… eso… eso… ¡FUE ASOMBROSO! ¡MARAVILLOSO! ¡FENOMENAL! ¡Ha sido el mejor sexo en mi vida!
—Muchas gracias, Kelly —respondió él en voz baja, sonriendo con suavidad, bajando la mirada y sonrojándose. Había vuelto a su habitual ser tímido.

Pero, después de una pausa corta, Kelly dijo con un mohín juguetón y seductor:
—¡Ay, pero mi pobre Oliver! Yo acabo de tener más orgasmos de los que puedo recordar como una perra egoísta y tú aún no has tenido ninguno… ¿no te gustaría que cambiara esa injusticia?

Él, sonriendo de forma traviesa, contestó con un tono de inocencia fingida:
—Sí. Pero… ¿Cómo?

Kelly respondió alegremente:
—¡FÓLLAME LAS TETAS!

Oliver se incorporó de un salto, con una enorme sonrisa en su rostro. Se sentó sobre Kelly y puso su polla entre los melones más deseados del país. Ella puso una mano en cada pecho y se los apretó, haciendo aún más deliciosa la sensación que el chico sentía en su pene. Después de un breve instante mirándose y sonriéndose el uno al otro, Oliver empezó a moverse, al principio con lentitud pero, pronto, con mucha energía y velocidad. El muchacho adoraba como se sentían las pechugas de Kelly Brook estrujando su hombría y Kelly amaba como se sentía la gruesa y dura verga de Oliver moviéndose entre sus ubres y sus fluidos preseminales llenando el espacio entre ellas. Ella canturreaba una y otra vez “¡Fóllame las tetas! ¡Fóllame las tetas! ¡Fóllame las tetas!” mientras sonreía. Oliver se maravillaba que el rostro de Kelly Brook pareciera tener, a pesar de la lujuria que lo dominaba, un aura como de niña inocentemente traviesa, como si no estuviese deslizándose entre sus senos la polla que acababa de hacerla proferir auténticos alaridos de lujuria.

Repentinamente, el lado audaz de Oliver volvió a relucir. En un rápido movimiento, sacó su polla de entre las tetas de Kelly y la hundió en su boca, dándole a ella una sorpresa mayúscula. El chico procedió a follarse la cabeza de Kelly como antes se había follado su vagina y sus chichas. Cuando él sacó su polla de la boca de la famosa, Oliver volvió a ponerla entre sus senos para continuar follándoselos y Kelly dio una breve carcajada en aprobación de la conducta del chico. Así estuvo bastante tiempo, alternando entre follarse los pechos y la boca de Kelly. Finalmente, con un bramido triunfal, apretando con fuerza los dientes y los párpados y echando la cabeza hacia atrás, se corrió mientras se follaba esos enormes melones, cubriéndolos con un chorro tras otro de espeso semen. Una vez que el último chorro hubo aterrizado en la piel de las chichas, Oliver se desplomó a un lado en la cama, jadeando, sudoroso, agotado.

Cuando vio que había recuperado el aliento, Kelly le pidió que se sentara en la cama. Cuando él obedeció, ella también se sentó. Estaba frente a él, aun sonriendo y con sus hermosos melones aun cubiertos con su blanca paja. Entonces, ella procedió a limpiárselos: recogía leche con un dedo y después se lo llevaba a la boca, lamiéndoselo y chupándoselo y tragando el espeso líquido mientras sonreía y hacía toda clase de sonidos obscenos, como dando a entender que era lo más delicioso que alguna vez hubiese saboreado. No obstante, ella seguía mostrando ese cierto aire de inocencia, como si fuese una niña pequeña que estuviese comiendo un helado que se le derritió.

Una vez que terminó, preguntó casualmente:
—Dime, ¿qué te pareció tu orgasmo?
—Fue… fue… ¡MARAVILLOSO! ¡INCREÍBLE! ¡FANTÁSTICO! —respondió él con una enorme sonrisa e infantil entusiasmo.
—¿Y te gustó este pequeño show que hice para ti? —refiriéndose, obviamente, a ella limpiándose y tragando su semen.
—¡SÍ! ¡SÍ!… ¡POR SUPUESTO QUE SÍ!

Después de esa respuesta, hubo una breve pausa. Kelly hizo un mohín y lo miró de una forma muy seductora. Después, con un tono de voz igual de seductor que su mirada, dijo:
—Pero… ¿sabes, Oliver? Yo quiero toda tu lechita… y tengo el presentimiento de que aun tienes un poquito guardado…
—Y… ¿Qué propones que hagamos? —dijo, imitando el mohín, la mirada y el tono de voz de Kelly.

Ella, después de soltar una breve carcajada, procedió a ponerse en cuatro patas y moverse en la cama hasta que su culo quedó en frente del chico. Entonces, Kelly arqueó su espalda, apuntó con su cola al cielo, se separó las nalgas con las manos y exclamó alegremente:
—¡QUIERO QUE ME FOLLES EL CULO!

Él se incorporó en un instante. Su polla, que había quedado casi totalmente flácida después de venirse sobre las tetas de Kelly Brook, volvió a ponerse tan dura como el acero en cuanto oyó su oferta. Él alineó la cabeza de su miembro con el apretado ano de ella, se agarró de sus redondas y perfectas tetas, que estaban siendo aplastadas contra la cama, y empujó. Ella rugió “¡AAARRGGGGHHHHHHH!” a todo pulmón y con una sonrisa de oreja a oreja mientras él hundía la totalidad de su largo y grueso miembro por su trasero.

Oliver volvió a repetir el violento entusiasmo con el que se había follado su vagina, su boca y sus tetas. Sus dedos, agarrados a las tetas de ella, retorcían y jugaban con sus irresistibles y duros pezones. Kelly movió una de sus manos hacia su clítoris y empezó a masajeárselo con auténtica furia al mismo tiempo que era penetrada analmente. Hundía la totalidad de su mástil dentro de la Brook, lo que producía una música melodiosa cuando su pubis impactaba contra las nalgas de la famosa. Ella, entre jadeos, lo animaba casi gritándole:
—¡Así es, ningún hombre puede resistirse a mi culo! ¡Adelante, fóllame el culo! ¡FÓLLAME DURO!

Él, entre jadeos y gruñidos, le preguntó:
—¿Te gusta que te follen duro el culo, Kelly?
—¡SÍ! ¡FÓLLAME! ¡FÓLLAME EL CULO! ¡POR FAAVOOOOOOOOOORRRRR! ¡OH, DIOS! —gritó.
—¡Suplícame que me corra dentro de ti! —le ordenó, moviéndose aún más rápido, hundiendo su miembro aún más y dejando de sobarle las chichas para cubrir los imponentes glúteos de Kelly de sonoras nalgadas que los dejaron teñidos de un agradable tono escarlata.
—¡CÓRRETE DENTRO! ¡AAHHHHHHH! ¡DÁMELA TODITA! ¡AH! ¡AH! ¡AH! ¡POR FAVOR, DIOS MISERICORDIOSO, DÁMELA TODITA! ¡AAAAAARRRRRGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

Él, al mismo tiempo que su garganta emitía otro bramido triunfal, finalmente plantó el último chorro de su semilla que había quedado dentro de su cuerpo en las profundidades del culo de Kelly Brook mientras la mano de ella quedaba cubierta con los fluidos de su propio orgasmo. Ambos se desplomaron en la cama, completamente exhaustos, jadeando escandalosamente, empapados en sudor. Kelly se acurrucó al lado de él y ambos se abrazaron y besaron con dulzura, sonriendo con suavidad.

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—¡Oliver, no te duermas! —lo apremiaba Kelly con esa encantadora y alegre voz suya.

¡Qué petición tan injusta! Él no sólo acababa de perder su virginidad con la mujer más deseada de todo el Reino Unido: en su primera vez, con tan sólo catorce años, le había dado duro hasta hacerla aullar como loba en celo, no había dejado orificio de su cuerpo sin visitar, había hecho cosas que la mayoría de los chicos sólo podrían soñar con hacer… ¡Estaba agotado! ¡Si quería dormirse pues tenía todo el derecho del mundo para quedarse dormido! En esos momentos, temer la reacción de sus padres si se enteraban de lo que había hecho ni siquiera entraba en la lista de cosas que era siquiera capaz de considerar.

Y Oliver pudo haberse quedado dormido, con una sonrisa de oreja a oreja, si Kelly no hubiese dicho:
—¡No te duermas! ¡Aun no te he entregado tu regalo!

La sorpresa hizo que el muchacho se incorporara de inmediato y su somnolencia desapareciera como por ensalmo. ¿Aún no le había dado su regalo de cumpleaños? ¿Perder su virginidad con Kelly Brook no era su regalo? Lo único que pudo hacer fue sentarse en la cama, los ojos grandes como platos, y balbucear unos cuantos sonidos incoherentes.

Kelly, con esa sonrisa suya, agregó:
—En realidad, son dos regalos…

¡Dos regalos! Oliver estaba aún más desconcertado.

Kelly sólo sonrió y se levantó de la cama. Caminó hasta donde estaban sus ropas tiradas en el piso. Se agachó para recoger algo, dándole al chico una magnífica visión del culo que acababa de follarse. Cuando volvió a su lado, ella tomó su mano y puso algo dentro de esta. Él, todavía sorprendido, volvió a ver qué era lo que le había dado. Era su tanga. Ella le dijo:
—Vamos, huélela…

Él obedeció: se llevó la prenda a la nariz y aspiró. Olía igual que el coño de Kelly Brook. Olía exquisita. Seguro ella la había mojado mientras esperaba que él llegara por ese maravilloso regalo.

Interpretando la mirada del chico con la cual le pedía una explicación, Kelly dijo:
—Llévala contigo todo el tiempo… es para que no me olvides… —con una sonrisa.

“¡Que precaución tan innecesaria!”, pensó Oliver. “¡Ni en un millón de años voy a olvidar esta tarde!”

Entonces Oliver recordó que Kelly había dicho que tenía dos regalos para él.

—¿Y… mi otro regalo? —preguntó con voz tranquila.

Ella volvió a sonreír y, de nuevo, se levantó de la cama. Fue hasta la mesita de noche que estaba al lado de esta y sacó algo. Volvió al lado de Oliver y puso eso dentro de su otra mano. Él volvió a ver lo que era: una llave. Miró a Kelly a los ojos. Antes de que pudiera pedirle una explicación, ella dijo:
—Es una copia de la llave de este apartamento… para vengas y me des polla todas las veces que quieras…

Él dio un brinco, chillando de alegría, y abrazó y besó a Kelly lleno de gratitud, quien, riendo a carcajadas, le devolvió los abrazos y los besos.

¡Este, sin duda alguna, era el mejor regalo de cumpleaños que iba a recibir en su vida!

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Unos meses después, la madre de Oliver fue desconcertada por la sonrisa con la que su único hijo volvió de la escuela. Cuando ella le preguntó qué era lo que le pasaba, él respondió que sonreía por lo que vio en la portada de una revista que vio que una de sus vecinas leía. Cuando su madre le preguntó qué era lo que tenía la portada de esa revista de especial, él contestó, antes de desaparecer en su cuarto, que dicha portada anunciaba que en el interior había un reportaje sobre el embarazo de Kelly Brook y especulación sobre la identidad del misterioso padre de su bebé.

Esto desconcertó todavía más a su madre, que se preguntó qué podía tener de gracioso la confirmación de que tenían una zorra por vecina.

FIN



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