Sin salida
I do not own "My Hero Academia", nor the characters from it. I do not make any money from the writing of this story. Only Azure Bourgeois belongs to me.
Capítulo único
Aclaración: Este fanfic se desarrolla en un universo alterno en donde no existen los quirks.
Sin salida.
La casa Todoroki era una imponente mansión ubicada en uno de los distritos más lujosos de Tokio, que había sido especialmente engalanada ese día para una gran celebración. Fuyumi Todoroki fue ascendida en su trabajo y debido a esto había recibido el permiso de llevar a sus amigos para festejar su gran logro. La joven de cabello blanco con algunos delicados mechones rojos era más popular de lo que se pensaba, a pesar de ser hija de quien era, así que su invitación fue aceptada por mucha gente de su misma edad, entre compañeros de su trabajo actual como amigos de universidad, en donde estaba estudiando un posgrado. Los que aceptaron la invitación, había que decirlo, no sólo lo hicieron porque sintieran especial simpatía por la chica, sino también porque ansiaban tener la oportunidad de probar la famosa cava de vinos y el enorme bar que poseía su padre, los cuales estaban siempre llenos de las bebidas de mejor calidad, tanto nacionales como importadas.
Entre los asistentes a la celebración se encontraba una joven extranjera recientemente llegada a Japón, una cirujana francesa de cabello azul oscuro y ojos color violeta que había acudido de intercambio a tomar un curso de cirugía laparoscópica en la misma universidad en la que Fuyumi estudiaba su maestría. La joven, cuyo nombre era Azure Bourgeois, era un par de años mayor que Fuyumi y no asistían a las mismas clases, pero eso no les había impedido conocerse y hacerse amigas a pesar del poco tiempo que Azure llevaba en Japón. Entre tanta gente, Fuyumi había encontrado en Azure a alguien en quien confiar y le había hablado de su madre, fallecida dos años antes, de su hermano mayor, quien se había enrolado en las Fuerzas de Autodefensa de Japón y actualmente se encontraba en la isla de Okinawa haciendo su servicio, así como de sus dos hermanos menores, que continuaban estudiando. También le había hablado de su padre viudo, quien desde la muerte de su esposa se había vuelto más huraño y reservado que nunca. Azure había escuchado todo con interés, aunque sin inmiscuirse más de lo necesario, contándole a su vez que en Francia ella había dejado a su padre, un reconocido cirujano a nivel mundial, a su madre, coronel en activo del ejército francés, y a su hermana menor, que estaba en vías de seguir los pasos de su madre.
En cualquier caso, para Azure la invitación a la mansión Todoroki era una oportunidad para conocer cómo se desenvolvían los jóvenes japoneses en sociedad y aprender sobre sus costumbres y tradiciones, que le parecían extrañas comparadas con las europeas. Desde su llegada a Japón, varios hombres se habían interesado en ella, pero Azure traía arrastrando la desazón que le dejó una relación fallida en Europa con un imbécil que no merecía que lo siguiera recordando, pero que no podía sacarse de la cabeza. Sin embargo, ella esperaba que esta situación cambiara en esa fiesta, en donde quizás aceptaría conectar con alguno de los muchos amigos que Fuyumi tenía. Y, por qué no, también intentaría ver si podría probar alguno de los vinos que el señor Todoroki tenía.
Después de un par de horas de convivir, comer y beber como si no hubiera un mañana, la mayoría de los presentes se encontraban ya en ambiente, dispuestos a dejar que las cosas siguieran su curso. Sólo Azure y unas cuantas chicas se mantenían sobrias, pues conocían los riesgos de emborracharse hasta perder el conocimiento, a pesar de que los muchachos parecían ser muy decentes.
– Esto parece más una fiesta universitaria que la de una celebración por un ascenso –comentó Haruko, una de las compañeras maestras de Fuyumi–. Pero hay buena comida y buena bebida, así que no me quejo.
– Y muchos solteros para escoger –se rio Mariko, una trabajadora social–. Creo que ya va siendo hora de que elija a alguien para casarme y deje de trabajar.
Las jóvenes se enrollaron entonces en una conversación sobre que ya estaban por acercarse a los veinticinco años, fecha límite que muchas japonesas se autoimponían para dejar de trabajar y convertirse en amas de casa. Azure, que ya tenía esa edad y que había sido criada en una cultura muy distinta, dejó de prestar atención a la cháchara y buscó con la mirada a alguien con el que pudiera ir a bailar o a platicar. En ese momento, un joven de cabello color violeta, cuyo nombre Azure desconocía, se paró en medio de la sala y llamó la atención de todos.
– ¿Qué les parece si jugamos un juego? –preguntó–. Algo así como “atrápame, si puedes”.
– ¿No es ése un juego infantil? –se quejó Mariko–. Pensé que estábamos en un ambiente más adulto.
– Oh, pero éste es un juego de adultos –sonrió el joven de cabello morado–. Se trata de intentar atrapar a quien te gusta, con los ojos vendados; si lo consigues, podrás hacerle lo que quieras. Literalmente, lo que quieras.
Un murmullo emocionado se extendió rápidamente por el grupo, al tiempo en el que Fuyumi enrojecía vivamente. Casi todos acogieron con entusiasmo la sugerencia, incluyendo la misma Azure, quien se divirtió mucho cuando Fuyumi consiguió esquivar al chico del cabello morado, el cual aparentemente había inventado el juego para intentar atraparla a ella. Como el muchacho no pudo conseguir su objetivo, los demás le impusieron un castigo ridículo: bailar el cancán usando un vestido de Lolita Gótica. A esas alturas, la mayoría de los invitados ya estaban bastante ebrios, por lo que muchos ya no se estaban dejando atrapar para imponerles este reto idiota a los perdedores. A Azure, en calidad de invitada extranjera (y francesa, además), le tocaba juzgar los bailes y añadía elementos ridículos que se iba inventando en su momento. Todo iba bien, hasta el momento en el que fue su turno de llevar la venda por sugerencia de Fuyumi.
– Intenta atrapar a quien puedas –le aconsejó Fuyumi, riéndose–. El caso es que no pierdas para que no te toque disfrazarte.
Azure alcanzó a escuchar que algunos muchachos pretendían prescindir del vestido de Lolita Gótica para hacerla bailar en ropa interior, cosa que, si bien no la escandalizaba, tampoco le agradaba, era mala idea el exponerse de esa manera ante personas que la juzgarían duramente por ser extranjera en cuanto se les pasara la borrachera. Así pues, bastaba con atrapar a cualquiera que se dejara para quitarse del problema.
– ¡Vamos, Azure, vamos! –gritaron los jóvenes una vez que ella tuvo la venda puesta.
Si bien el área por donde tenía que moverse era bastante amplia, se desorientó momentáneamente y estiró las manos, como haría cualquier persona que hubiese perdido momentáneamente la visión. Azure escuchaba que la gente se movía a su alrededor y estuvo a punto de atrapar a dos personas cuando menos, pero ambas alcanzaron a fugarse antes de que pudiera sujetarlas. A pesar de lo simple y tonto del juego, ella estaba divirtiéndose tanto como los otros y se reía cada vez que tropezaba con algún mueble o pared, más porque después de unos minutos ya no tenía idea de en qué parte de la enorme sala se encontraba.
– ¡Te quedan menos de dos minutos, ya tardaste mucho! –gritó el joven de cabello morado, a viva voz–. ¡Te vamos a hacer que nos des un espectáculo de los buenos!
Hubo un coro de gritos y risas como respuesta, y Azure continuó moviéndose hacia donde creía haber escuchado las voces más cercanas, estirando los brazos tanto como pudo. Repentinamente, todos se callaron y el ambiente en la sala cambió, Azure pudo intuirlo a pesar de no poder ver lo que sucedía. Sin embargo, creyó que los demás intentaban desorientarla y siguió adelante con el juego, a la espera de encontrarse a quien fuera. Su instinto le advirtió que tenía muy cerca a una persona, así que se dirigió hacia ella sin titubear, con las manos extendidas y muy abiertas. Sea quien haya sido la persona que estaba cerca, no hizo el intento de moverse y quizás esto debió de poner en alerta a Azure, pero se distrajo porque casi inmediatamente chocó contra una pared de músculos masculinos definidos y bien trabajados, tan duros y firmes que a ella no le quedó la menor duda de que esa persona se ejercitaba a diario.
“Oh, mon dieu!”, pensó. “¿Contra quién acabo de chocar?”
Sin detenerse a pensarlo ni un momento, sin considerar en qué podían pensar los que la observaban, Azure pasó las manos por los duros pectorales, recorriendo ese pecho ancho y musculoso con mucho deleite y sensualidad. Sus finos dedos llegaron hasta los hombros, los recorrieron y volvieron al pecho, en donde volvió a toquetear los músculos por encima del suéter que los cubría. Gratamente sorprendida, trató de adivinar quién de los presentes a la fiesta tendría un físico tan trabajado como ése, pues no recordaba haber visto a alguien tan alto y musculoso como el hombre que tenía frente a ella.
– Oh, lá lá! Creo que he topado con una montaña de músculos –comentó con coquetería.
Alguien le susurró que se detuviera, con aprensión, mientras que el hombre al que Azure había estado tocando muy indebidamente soltó una exhalación. Ella supo entonces que tenía que quitarse la venda y, al hacerlo, se encontró con un hombre desconocido, muy alto y fornido, de cabello rojo intenso y unos increíblemente hermosos ojos color turquesa que la miraban con una expresión extraña y difícil de descifrar. El hombre debía rondar los cuarenta y tantos años, a juzgar por las arrugas alrededor de sus ojos, y llevaba una barba incipiente en la mandíbula, que no lograba ocultar la enorme cicatriz que le atravesaba el lado izquierdo de su cara. Azure no sabía quién era, pero a juzgar por la reacción de los demás y de la actitud del hombre, supo que acaba de aferrar al dueño de la mansión.
“Ya que lo he atrapado, ¿podré hacer con él todo lo que yo quiera?”.
– Excusez-moi, s'il vous plaît (Discúlpeme, por favor) –pidió Azure muy cortésmente, guardando para sí el pensamiento anterior–. Me he equivocado de persona.
– ¡Ah, papá, llegaste antes! –se apresuró a intervenir Fuyumi, avergonzada, mientras llegaba rápidamente hasta donde estaban Azure y el hombre de cabello rojo–. Lo siento, estábamos jugando algo muy estúpido y Azure no pudo darse cuenta de que se trataba de ti por la venda que traía en los ojos…
– Fue error mío –agregó la aludida–. Mis más sinceras disculpas.
– Está bien, señorita –contestó secamente el que, al parecer, era el padre de Fuyumi.
– Eh, ella es mi amiga Azure Bourgeois, papá –explicó Fuyumi–. Te he hablado de ella, es la médica francesa que llegó de intercambio a estudiar en mi universidad. Azure, él es mi papá.
– Sé quién es ella –replicó secamente el señor Todoroki.
– Enchantée –dijo Azure a su vez, mientras estrechaba la fuerte mano del hombre y lo miraba fijamente a los ojos con una determinada coquetería y la sonrisa sutil que sabía que les encantaba a los varones.
El señor Todoroki gruñó algo por respuesta y desvió la mirada en cuanto pudo, pero aun así Azure alcanzó a detectar una llama de deseo en esos ojos azules, una llama que ya había visto muchas veces en otros hombres que la consideraban atractiva.
“Es el padre de tu amiga. Y es mucho mayor que tú, además”, susurró una voz a su oído. “Espero que estemos conscientes de eso”.
Sí, estaba consciente de eso, pero el señor Todoroki era el hombre más viril y sensual que había visto en mucho tiempo, haciendo parecer como niños en pañales a todos los jóvenes que momentos antes podrían haberle parecido atractivos a Azure. Sin embargo, la francesa comprendió que debía retirarse, así que se disculpó una vez más y se alejó para permitir que Fuyumi hablara con su padre.
– No esperaba ver a Enji Todoroki por aquí.- murmuró Haruko–. Fuyumi dijo que llegaría mucho más tarde.
– Quizás salió temprano de su trabajo –aventuró Mariko–. ¡Qué mala suerte que haya sido hoy! Ese señor me da muchísimo miedo, es alguien muy intimidante.
– ¡Y además tiene esa cicatriz tan horrenda! –exclamó alguien más–. Sé que es una herida de guerra, con eso de que fue coronel del ejército, ¡pero lo hace ver tan poco atractivo!
“Yo pienso que lo hace verse sexy”, pensó Azure. “Muy sexy y atractivo. Y, además, es un coronel del ejército, si esa cicatriz es de guerra, eso habla de su valor y fortaleza”.
Entre los muchachos el tema de conversación era el mismo, con comentarios similares a los anteriores. Al parecer, Enji Todoroki era más temido que respetado, incluso entre los amigos de Fuyumi, pero para Azure la impresión que él le causó había sido muy distinta. Ella, casi inconscientemente, volteó a ver a Fuyumi y a su padre y se dio cuenta de que éste la había estado observando de manera furtiva. Azure le sonrió y el señor Todoroki desvió la mirada sin parpadear, como si ese contacto visual hubiera sido algo imprevisto. Ella no desvió la mirada y lo analizó de pies a cabeza, llegando a la conclusión de que Enji Todoroki era un hombre maduro de muy buen ver.
“Controla tus impulsos, Azure”, se dijo a sí misma. “No es como si pudieras meterte con el dueño de la casa”.
Pero la sola idea de seducirlo la hizo experimentar una sensación de placer tan intenso que se tomó de un trago lo que quedaba de su bebida para tratar de apaciguarlo. Se repitió una vez más que él era el padre de Fuyumi y que estaría muy fuera de lugar que se metiera con él.
“Aunque es viudo, seguro que hace mucho que no ha estado con una mujer. ¿Qué tan mal le caería romper ese ‘celibato’ involuntario?”.
Azure sacudió la cabeza para intentar distraerse y eliminar esos pensamientos tan inadecuados. No importaba lo muy atraída que se sintiera por Enji Todoroki, era el dueño de la casa, era mucho mayor que ella y, peor todavía, estaba muy relacionado a una de sus amigas. ¡Era el padre de Fuyumi, por todos los cielos! Eso debía ser más que suficiente para que Azure se mantuviera alejada de él.
Pero entonces la francesa sintió que alguien la observaba y vio que el señor Todoroki había vuelto a fijar su mirada en ella. Azure se la sostuvo e inclinó ligeramente la cabeza, lo que hizo que el hombre dejara de verla, ligeramente perturbado.
“Lo que sea que haya habido, fue mutuo…”.
Por fin Fuyumi dejó de hablar con su padre y éste desapareció para permitir que la fiesta continuara. Sin embargo, se había roto el ambiente que había antes y nadie quiso volver a jugar a atrapar a nadie. Alguien le preguntó a Azure si no se sintió intimidada cuando vio que había agarrado al padre de Fuyumi y ella respondió que no, pero que sí se sintió avergonzada por creer que se trataba de alguno de los jóvenes (cosa que era mentira, pero no podía decir la verdad).
– Intentamos advertirte, pero temíamos hacerlo enojar –aclaró Mariko–. Es bastante conocido que el señor tiene muy mal carácter. ¡Y sus ojos son tan fríos!
Azure no opinaba lo mismo. Al menos a ella esos ojos azul turquesa no la vieron con frialdad y el alcohol estaba haciéndole creer que podía tener una oportunidad para hacer algo que por decencia y decoro no debía intentar hacer.
A partir de ese momento, los asistentes se limitaron a seguir bebiendo y hablando tonterías. Para Azure, cualquier plática había perdido su interés desde la aparición de Enji Todoroki, no dejaba de darle vueltas a la innegable atracción que hubo entre ambos en el mismo momento en el que ella se quitó la venda y lo miró a los ojos. Se preguntó qué se sentiría ser tocada por esas manos tan fuertes, a qué sabría su sexo, si sus músculos eran tan firmes como parecían, qué tan duro podría él empujarla contra la pared para poseerla, qué tan ardientes serían sus besos y si se estremecería cuando él la recorriera con su lengua. Y, por sobre todo, deseó que él no fuese el padre de su amiga para poder intentar seducirlo sin restricciones.
“Necesito una ducha de agua fría”, se dijo, intentando pensar en otra cosa para que no la invadiera el deseo. Pero se sentía atrapada por una pasión incontrolable, sabía que había caído rendida ante un hombre desconocido, mucho mayor que ella, y que esa atracción iba a condenarla.
En ese momento, algo captó su atención y Azure miró por la ventana, a través de la cual descubrió al señor Todoroki cortando leña; se había quitado el suéter y los músculos se le marcaban bajo la ajustada camiseta negra de manga corta que llevaba. Estaba de espaldas a la ventana, así que Azure pudo deleitarse con la visión. Cada vez que él subía el hacha, los bíceps y tríceps se hinchaban, así como los músculos de su espalda. La vista de la francesa bajó entonces hacia el trasero bien formado y los poderosos cuádriceps de los muslos, firmes columnas en las que ella con todo gusto se sentaría.
– Azure, ¿te encuentras bien? –le preguntó Fuyumi, lo que la hizo saltar–. Te noto muy distraída.
– Desde hace rato estás en tu mundo –añadió Haruko–. ¿Qué tanto miras hacia afuera?
Tanto ella como Fuyumi dirigieron la vista hacia la ventana, pero el señor Todoroki había salido ya de su rango de visión.
– No me pasa nada. –Azure rápidamente se puso en pie–. Creo que sólo necesito pasar al sanitario.
Antes de que cualquiera de las otras dos añadiera algo, la joven se dirigió hacia el baño de invitados, al cual se llegaba atravesando el vestíbulo de la mansión. Justo cuando iba llegando ahí, el señor Todoroki entró a la casa y se topó de frente con Azure, casi como si la hubiese estado esperando. Una vez más, ella sintió que una descarga peligrosa de atracción se gestaba entre ambos, algo oscuro, profundo y prohibido que amenazaba con engullirlos. Enji la miró con mucha intensidad, recorriéndola de arriba abajo, casi como si estuviera desnudándola con la mirada, y Azure no pudo evitar estremecerse.
“¿Cómo es posible que me sienta así con alguien a quien acabo de conocer?”, se preguntó Azure. Y por curioso que pareciera, Enji Todoroki parecía estar pensando en lo mismo.
Sin embargo, antes de que Azure pudiera decir algo, el hombre desvió la mirada y se marchó con un gruñido. Ella tuvo que hacer un esfuerzo de voluntad para no seguirlo a donde quiera que se dirigiera y en su lugar fue al baño a lavarse la cara.
– Debería irme –le comentó a su reflejo en el espejo–. Sería lo correcto.
Pero bien sabía que no lo iba a hacer, pues aceptaba que ya estaba en una situación sin salida.
Cuando regresó del baño, Azure se enteró de que iba a hacerse una fogata en los amplios jardines de la mansión (quizás por eso el señor Todoroki había cortado leña) y casi todos se habían traslado hacia esa zona. Gracias a esto, la fiesta que había decaído con la llegada del padre de Fuyumi se reavivó y los jóvenes volvieron a beber y a reír como lo habían estado haciendo antes. Tras otra ronda de alcohol, a Azure comenzó a darle hambre y se preguntó si en la cocina encontraría algo más consistente que los bocadillos y la botana que los jóvenes habían estado consumiendo, además de que la perspectiva de encontrarse nuevamente con el dueño de la casa la atraía; por mucho que intentara olvidar a ese hombre maduro, atractivo y sensual, era evidente que no iba a estar tranquila hasta no saber qué tan lejos podía llegar con él. Quizás por lo mismo es que no le avisó a nadie a dónde iba y aprovechó que nadie le prestaba atención para dirigirse a la cocina de la mansión. Ahí, Azure se encontró con Natsuo, uno de los hermanos de Fuyumi, quien estaba preparándose un sándwich. Si bien eso era parte de lo que ella buscaba (la comida), casi suelta un bufido de frustración al ver a Natsuo: ¡Había hallado al Todoroki equivocado! Pero supo recomponerse y esbozó una de sus más cautivadoras sonrisas.
– Bonne nuit (buenas noches) –saludó ella–. Espero que no te moleste si me preparo un sándwich.
– Como quieras –respondió Natsuo, mirándola apenas. Quedaba claro que al joven no se le daba bien socializar con la gente.
– No te había visto antes –comentó Azure, mientras se preparaba el bocadillo–. ¿No quisiste asistir a la fiesta de tu hermana?
– No me mezclo con la gente con la que ella trabaja –replicó Natsuo, de mal modo–. No suelen caerme bien esas personas y yo no les caigo bien a ellas.
– No me imagino por qué –soltó Azure, con un tono de voz que demostraba el fastidio que le causaba ese muchacho tan arrogante.
Natsuo le lanzó una mirada enojada, azotó contra la mesa el plato que había estado sosteniendo y se marchó sin despedirse. Azure resistió la tentación de insultarlo en francés en voz alta y en su lugar tomó un frasco de aderezo, uno que había estado usando Natsuo momentos antes. La tapa estaba tan apretada que Azure no conseguía abrirla por más fuerza que empleó, y no le quedó la menor duda de que el muchacho la había apretado a propósito.
– Qué infantil es –musitó, fastidiada.
– Deja que te ayude con eso –habló una voz masculina a sus espaldas, una que Azure reconoció inmediatamente como la de Enji Todoroki.
Ella se giró, sobresaltada, y casi deja caer el frasco. ¡Por fin aparecía el Todoroki que había estado buscando! Él tenía otra vez esa expresión indescifrable, como si no supiera qué hacer con esa impertinente joven que constantemente se le cruzaba en el camino. Pero Azure sabía que ésa era su oportunidad y que debía aprovecharla. No estaba segura de qué tanto quería hacer con el señor Todoroki, pero sí sabía que quería acercársele lo más que pudiera.
– Discúlpeme, no debería de estar aquí –habló Azure, con voz suave–, pero tengo hambre y pensé que no habría problema si venía aquí a buscar algo cremoso y duro para comer.
– No hay problema –respondió él, evitando mirarla a la cara–. Dame eso.
Azure había hablado con doble sentido con toda intención, pero si bien Enji fingió no entenderlo, que no quisiera mirarla a los ojos lo delataba. Azure le entregó el frasco, asegurándose de rozarlo con los dedos de una manera muy sutil. Él abrió la tapa con mucha facilidad, con esas manos grandes y fuertes que tenía, mientras ella seguía cada movimiento con mucho interés y fascinación, como si el hombre estuviera salvando al mundo en vez de estar abriendo un simple frasco. Era evidente que el señor Todoroki era consciente de la atención que la francesa le daba, pero intentaba actuar como si no le perturbara en lo más mínimo.
– Usted sí que es muy fuerte –comentó Azure con voz seductora, una vez que Enji le devolvió el frasco–. Lo vi cortando leña hace un rato, se nota que está acostumbrado a los trabajos rudos.
– Ajá. –Este comentario pareció alterar mucho a Enji y trató de desviar el tema–. Me encontré con mi hijo Natsuo en el pasillo, espero que no haya sido descortés contigo.
– Se nota que no le agradan los invitados –respondió ella–. Pero no pasa nada, no me ha ofendido.
– Eso espero –gruñó él y añadió, sin pensar–: No está acostumbrado a tratar con mujeres hermosas, es un muchacho sin mucha experiencia.
– Ya veo. –Azure sonrió ante el comentario–. Pero supongo que usted sí tiene mucha experiencia con mujeres hermosas como yo, ¿verdad?
Ella agitó sus largas pestañas y entreabrió los labios, de esa manera en la que solía volver locos a los muchachos que la cortejaban. Sabía que el señor Todoroki era mucho mayor, pero no parecía ser inmune a sus encantos por mucho que le doblara la edad. Al fin y al cabo, él era un hombre como todos, con necesidades e impulsos sexuales, susceptible de caer ante cualquier mujer que consiguiera cautivarlo. Enji, a su vez, respingó al darse cuenta de la trampa en la que se estaba metiendo él solo. Los dos sabían a dónde iba a llevar esa plática, por lo que ése sería un buen momento para cortarla y evitar un desastre, pero los ojos color uva de esa joven seductora lo estaban atrapando sutilmente y él no pudo evitar que su mirada se desviara hacia los rojos labios de Azure, que lo invitaban a probarlos.
– Quizás –admitió Enji, a medias–. Pero no he sabido enseñarlo bien.
– Oh, como bien dijo, es un muchacho apenas. –Azure se acercó un poco más a él–. No es un hombre hecho y derecho, como usted.
La joven dejó el frasco a un lado y acarició con la punta de los dedos el pecho de Enji, tal y como había hecho antes; esperó a ver la reacción del hombre, quien no correspondió a las caricias pero tampoco hizo algo para detenerla. Azure entonces continuó bajando, recorriendo el abdomen firme y plano, hasta llegar a la zona de la bragueta, en donde acarició el monstruo que se escondía debajo, calando su tamaño y poderío.
– Detente –ordenó él, con voz ronca.
Azure lo obedeció y alzó su vista hacia él, poniendo especial énfasis en la forma en la que movía los párpados, mirándolo como una niña que ha sido atrapada haciendo una travesura. Avanzó otro paso hacia Enji, quedando a tan sólo unos centímetros de él, tan cerca que podía percibir el aroma de su loción para después de afeitar.
– Eres muy atrevida –dijo el señor Todoroki, con el ceño fruncido–. Estás en mi casa, en mis territorios y, además, eres la amiga de mi hija, deberías de saber cuáles son tus límites.
– Los conozco –sonrió Azure–. Así como usted conoce suyos.
Él la agarró sorpresivamente por los hombros para atraerla hacia sí y clavar su boca en sus labios rojos. Ella de inmediato pegó su cuerpo al del señor Todoroki y empleó su lengua y su boca para demostrarle sus habilidades amatorias. Enji la besaba con dureza e ímpetu, como si quisiera fusionarse con ella para expulsar el deseo prohibido que estaba incubándose en su interior y liberarse de su hechizo, pero Azure aprovechó bien su oportunidad para engatusarlo, para acariciar su paladar con su lengua, para suavizar con sus labios el beso y llevarlo lentamente a donde quería. Él entonces fue dejándose llevar por el calor que le causaba ese cuerpo juvenil y sostuvo el cuerpo de Azure con fuerza, sintiendo su carne firme debajo de la ropa, para después recorrer con los labios su fino cuello hasta hacerla estremecer. Cuando ella supo que lo tenía en donde quería, se separó y se hincó frente a él, con la firme intención de bajar el cierre del pantalón para liberar su miembro.
– Ya fue suficiente –gruñó el señor Todoroki, al ver lo lejos que estaba llegando ese juego.
Pero Azure no lo obedeció. Sin pararse a considerar la complicada situación en la que se encontraba, Azure desabrochó el cinturón y bajó el cierre del pantalón para liberar el miembro del señor Todoroki, el cual estaba comenzando a endurecerse, dejándolo sin salida. La francesa lo manipuló con ambas manos hasta que estuvo completamente erecto; al verlo así, delante suyo, como un delicioso manjar que esperaba a ser probado, tan grueso, tan firme y tan provocativo, Azure lo introdujo en su boca y comenzó a chuparlo con tanto entusiasmo que Enji soltó un gruñido de placer. Ella succionó y lamió sin cansarse, desde la base hasta la punta, jugueteó con los testículos y volvió a meterse el pene en la boca hasta que el señor Todoroki se corrió con otro gruñido largo y gutural.
Mientras Enji jadeaba por el placer, Azure se puso en pie y buscó una servilleta para limpiarse. Al tiempo en el que lo hacía, miró de reojo al hombre y se dio cuenta de que estaba entre sorprendido, fascinado y preocupado, no podía ocultar que le había agradado mucho lo que acababa de pasar. Ella pensó que Enji aprovecharía para largarse y dejarla ahí (lo cual la decepcionaría mucho, pues ansiaba sentirlo dentro, grande y erecto), por lo que se sobresaltó cuando el señor Todoroki se acercó y la besó con más intensidad que antes, mientras sus manos exploraban por debajo de su ropa para tocar su piel. Los dedos masculinos llegaron al monte de Venus, lo recorrieron y después se hundieron en la intimidad de Azure, rozando el clítoris e introduciéndose después en su zona más íntima. Ella jadeó por lo bajo mientras Enji la masturbaba, sus líquidos escurrían por sus muslos y mojaban los dedos del hombre, que no dejaban de frotar y de hurgar hasta que sintió cómo Azure se contorsionaba por el placer. Ella se aferró a él, incapaz de mantenerse en pie, hasta que pudo recuperar nuevamente el aliento.
– Oh, mon dieu! –susurró–. Usted sí que sabe cómo tratar a una mujer, ¡pero ansío tanto sentirlo dentro!
Para esas alturas, el señor Todoroki había perdido toda cautela y decoro, y deseaba penetrarla tanto como ella ansiaba ser penetrada. Enji alzó la blusa de Azure para exponer sus pechos y mordió sus pezones con avidez, succionándolos como si estuviera buscando su néctar. Azure estimulaba su miembro, esperando el momento en el que volviera a estar listo, hasta que lo sintió hinchado y palpitante entre las manos, deseoso de perforarla de una vez. Ella se giró entonces para apoyarse sobre la mesa y Enji levantó su falda y bajó sus bragas, para dejar al descubierto sus firmes y blancos glúteos. Azure separó las piernas y alzó las caderas para dejarle el paso libre, consciente de que iba a meterse en muchos líos si alguien aparecía en esos momentos, aunque no tuvo mucho tiempo para seguir pensando en eso, pues de manera sorpresiva, el señor Todoroki tomó su cinturón y le ató las manos a la espalda con él.
– ¡Ah! Así que le gusta jugar rudo –jadeó ella, complacida–. Hágame todo lo que quiera.
Ni bien Azure había terminado de hablar cuando ya el enorme miembro del señor Todoroki la penetró hasta el fondo, causándole tal oleada de placer que se estremeció hasta lo más profundo. Azure a duras penas pudo controlar un gemido que amenazó con escaparse de sus labios. Una y otra vez, Enji Todoroki empujó su pene erecto dentro de ella, sin piedad, sin descanso, sin pausa, con un ritmo bien calculado que la estaba haciendo temblar del puro gusto. Una de sus fuertes manos la sujetó de la cadera y la guio en sus movimientos, dejando sus dedos marcados en la blanca piel de Azure, mientras que con la otra sostenía el cinturón que aprisionaba las muñecas de la joven. Ella estaba consciente de que iba a comenzar a gritar de placer, así que se mordió los labios para acallar su propia voz.
– ¡Oh, sí, así de duro! –exclamó Azure–. ¡Es tan exquisito!
Habría sido imposible de explicar a cualquiera que llegara a la cocina el por qué el señor Todoroki tenía los pantalones hasta las rodillas mientras penetraba con furia a una de las invitadas a la fiesta, la cual se encontraba semidesnuda. Fuyumi podría aparecer en cualquier momento, Natsuo podría regresar por su sándwich, cualquier otro de los invitados podría perderse y encontrar el camino a la cocina por accidente y verlos a ambos en esa situación tan comprometedora, pero eso no les importó ni a Azure ni a Enji, al contrario, la idea del peligro inminente los excitaba aún más. Ella se apoyó con fuerza a la mesa, se inclinó aún más y alzó las caderas, para que el miembro duro entrara en su cuerpo con mayor facilidad, lo que además facilitó también que él pudiera estimular su esfínter anal con uno de sus dedos.
– ¡Esa zona es demasiado sensible! –se quejó ella, pero Enji la ignoró y continuó con su jugueteo, introduciendo después uno de sus dedos en ese orificio.
Contrario a lo que esperaba, tanta rudeza la hizo perder el control, Azure sintió que una oleada intensa de placer la recorrió por completo, comenzando por su sexo y extendiéndose por cada poro de su cuerpo hasta culminar en las puntas de sus dedos. Azure agachó la cabeza y soltó un gemido bajo y largo, producido por el intenso orgasmo que la invadió. Las piernas le temblaron y estuvo a punto de caer, pero el señor Todoroki la sostuvo por la cintura mientras ella se corría. Durante varios segundos, la mente se le quedó en blanco y sólo tuvo consciencia de lo increíblemente bien que se sentía.
– Oh, mon dieu! –exclamó–. C'était incroyable! (¡Eso estuvo increíble!)
Una vez que pudo recuperar el aliento, Azure se preguntó si él habría tenido un orgasmo también, pero antes de que pudiera decirle algo, Enji le soltó las manos y la hizo girarse para besarla apasionadamente. Mientras le devolvía el beso con la misma intensidad, la joven sintió que el pene del hombre continuaba muy endurecido, así que abrió las piernas cuando él la buscó para volver a poseerla. Esta vez estaban de frente, así que Enji aprovechó para morder sus ya muy sensibles pezones, mientras Azure masajeaba sus bien formados músculos, arañarlos con fuerza y lamerlos cuando tenía la oportunidad, recorriéndolos con las puntas de los dedos para definir el contorno de ese bien trabajado cuerpo masculino. Seguramente él no estaba muy lejos de llegar al éxtasis, así que ella se esforzó por llevarlo al límite moviendo sus caderas con tanta presteza que Enji perdió la cabeza. Sus gruñidos eran cada vez más fuertes y se notaba que ya no le importaba ninguna otra cosa que no fuera hacer suya a esa mujer. De repente, a lo lejos se escuchó el rumor de un grupo de voces que parecían acercarse lentamente a la cocina, junto con un igualmente insistente ruido de pasos. Azure esperó que los dueños de esas voces no llegaran hasta donde ellos estaban, que cambiaran de parecer en el último momento, pero no ocurrió. Todo lo contrario, era obvio que su objetivo era la cocina.
– Alguien viene –masculló Azure, entre jadeos.
– Sí –fue todo lo que respondió Enji, sin dejar de penetrarla.
– Deberíamos de parar –sugirió ella, aunque no hizo caso de sus propias palabras.
Él respondió con un gruñido indescifrable y, a juzgar por el incremento de sus movimientos, quedó en evidencia que estaba a punto de eyacular. Azure estaba gozándolo otra vez y tampoco quería detenerse, pero cuando llegaran hasta ellos los dueños de las voces que escuchaban, se armaría un lío de los buenos cuando no pudieran justificar lo que estaban haciendo. La sensación de peligro hacía que todo fuese más delicioso, más intenso, más salvaje, y si de cualquiera manera iban a descubrirlos, daba igual si los encontraban semi desnudos y haciéndolo desenfrenadamente en la mesa de la cocina, así que Azure le echó a Enji los brazos al cuello y lo besó con intensidad, beso que fue muy bien correspondido por él, mientras el ruido de pasos se hacía cada vez más fuerte…
Natsuo Todoroki se había cansado de buscar a su padre en todos los lugares habituales en donde estaba, el único lugar que le faltaba por revisar era la cocina y hacia allá se dirigía, seguido por tres de los amigos varones de Fuyumi, cuya actitud sumisa indicaba que habían cometido un error. Natsuo los había encontrado en fragante delito, asaltando la cava de vinos raros de la mansión, y todos estaban seguros de que Enji Todoroki no iba a tolerar semejante agravio a su preciada colección. Así pues, cuando Natsuo y los culpables entraron en la cocina, todos esperaban lo peor. Sin embargo, si bien el señor Todoroki sí estaba ahí, había algo raro en su actitud y en la escena en sí. Natsuo alzó las cejas al ver a su padre sirviéndose un café, mientras la joven de cabello azul oscuro con la que había hablado antes se comía tranquilamente un sándwich.
– ¿Pasó algo? –preguntó Natsuo, mirando alternativamente a uno y a otro.
– Por lo que veo, eso deberías de decírmelo tú –contestó Enji, con seriedad, antes de mirar a los amigos de Fuyumi.
Azure los miró apenas, como si no les interesara en lo más mínimo su presencia. A Natsuo le molestó que ella actuara como si la casa le perteneciera y no al revés (aunque tampoco le pertenecía a él), y la tachó de engreída, tras lo cual decidió ignorarla y pasar a lo que le importaba.
– Te dije que había que tener más cuidado con la cava. –Natsuo miró a su padre con desdén–. Encontré a estos tres amigos de Fuyumi intentando robar uno de tus mejores y más caros vinos.
El señor Todoroki contempló a los culpables con severidad y Natsuo, más satisfecho con su reacción, procedió a explicarle lo que había ocurrido. Azure aprovechó para tomar una servilleta y su sándwich para después salir de la cocina. Alguien más experto o menos ebrio se habría dado cuenta de que la doctora traía la ropa arrugada, el cabello alborotado y la piel enrojecida por el roce constante con la barba de Enji, pero en ese momento Natsuo estaba muy enojado y los tres culpables estaban demasiado intimidados como para que pudieran prestarle atención a la joven. Antes de salir del lugar, sin embargo, el señor Todoroki desvió la mirada por un par de segundos para cruzarla con la de Azure, quien se la devolvió con una chispa de complicidad.
Aunque sabía que en cuanto viera a Fuyumi empezaría a acosarla la culpabilidad, en esos momentos Azure se sentía dichosa y satisfecha. El vientre le dolía y las piernas le temblaban, pero había tenido uno de los mejores sexos de su vida, con uno de sus amantes más fogosos, y eso la hacía flotar en un mar de dicha.
– Vaya, por fin apareces –le comentó Mariko, cuando la vio llegar–. ¿En dónde estabas?
– Comiendo algo –contestó Azure muy vagamente, cosa que era cierta en más de un sentido.
Esa noche, varias personas se quedaron a dormir en la mansión Todoroki debido a lo avanzado de la hora, entre las cuales se encontraba Azure. A pesar de que tenía razones de sobra para quedarse dormida en cuanto tocó la almohada, no pudo dormir debido a que la tentación de levantarse y fugarse al dormitorio del señor Todoroki era muy grande. Quizás, se dijo, debería de dejar las cosas como estaban, dar por hecho que lo ocurrido había sido producto de un momento de debilidad por parte de ambos, una atracción momentánea que se consumió rápidamente y sin dejar secuelas. Ya era bastante malo el haber estado con el padre de una de sus amigas como para intentar repetirlo.
Sin embargo, cuando ya estaba quedándose dormida, escuchó que la puerta que cerraba el cuarto en el que estaba se abrió lentamente; al escuchar este ruido, Azure se incorporó y vio a Enji, quien le hizo una seña casi imperceptible con la cabeza. Ella no necesitó de algo más para entender y se puso en pie, dispuesta a seguirlo a donde él quisiera llevarla.
Minutos más tarde, Azure gemía desnuda entre esos brazos fuertes y musculosos, y Enji la poseía con esa rudeza que lo caracterizaba, atrapados como estaban en un amorío inesperado del cual no tendrían escapatoria.
Fin.
Notas:
- Los personajes de Boku no Hero Academia pertenecen a Kohei Horikoshi ©.
- Azure Bourgeois / Nuit es un personaje creado por Lily de Wakabayashi.
- Este fanfic no está ligado a la historia oficial que tengo para mi Azure y Enji Todoroki en el universo canónico de BnHA; al igual que mis otros fics, “Descendiendo a lo profundo”, “Perfidia” y “Trío ardiente”, escribí esto como algo independiente y que se desarrolla en otro universo (distinto a los mencionados), en el que además no existen los quirks, simplemente porque me surgió la idea de hacer algo así y a la inspiración hay que dejarla ser. Curiosamente, tengo este fic terminado desde noviembre de 2024, lo había dejado en lista de espera para ser publicado porque quería acabar primero la historia oficial de Azure en BnHA, pero al darme cuenta de que todavía me falta mucho para eso, decidí publicar esto de una vez.