Fuego de Noche, Nieve de Día
Capítulo 6.
Capítulo 6.
Tanya miraba a Lily con fastidio; la chica no dejaba de golpear de patear un enorme saco de arena que había colgado en el techo y al cual le había pegado una foto de Genzo.
- Maldito tarado, idiota.- gruñó Lily, golpeando con furia el saco de box.- Aprovechado, infeliz, ni que estuviera tan bueno.
- -¿Por qué no reconoces que te mueres de las ganas de acostarte otra vez con él?.- gruñó Tanya.
- -Porque eso no es cierto.- Lily siguió golpeando el saco con furia.- Él se muere de ganas de acostarse conmigo pero no lo va a lograr.
- Como digas.- suspiró Tanya.
Lily siguió atacando el pobre saco con todas sus fuerzas; el localizador de Tanya sonó y la rubia se puso de pie.
- Me llama el jefe.- dijo Tanya.- Iré a ver que quiere.
- Suerte.- replicó Lily, sin más.
La rusa salió del cuarto y se dirigió a la oficina principal del señor Wakabayashi; en el camino se topó con Arisa, la cual también fue convocada a la oficina del jefe. Una vez ahí, Tanya tocó con cuidado la puerta y las chicas entraron cuando la dieron la orden de hacerlo. Akira estaba sentado frente a su escritorio y levantó la vista al ver a Tanya.
- Tengo un trabajo pendiente.- anunció Akira.- El equipo de la Juventus de Italia está en la ciudad y al parecer van a dar una fiesta hoy por la noche y me pidieron a dos agentes para dicha fiesta. Czorja, Taira, las dos fueron convocadas específicamente para esta reunión, así pues prepárense para esta noche. Vendrán por ustedes a las ocho en punto.
- Sí, señor.- asintió Tanya. -¿Puedo saber quién solicitó los servicios?.- preguntó Arisa, desconfiando dado el equipo que iba a organizar la fiesta.
- Ken Wakashimazu volvió a solicitar a Czorja.- dijo Akira.- Y alguien llamado Kojiro Hyuga pidió por ti, Taira.
Arisa frunció la boca; ya se lo sospechaba. Ella sabía muy bien que no podía negarse a una misión, de manera que aceptó la orden y salió de la oficina en compañía de Tanya. Una vez fuera, la argentina volteó a ver a la rusa.
- Cámbiame la misión.- pidió Arisa.
- Ni lo sueñes.- negó Tanya.- No te cambiaré a mi hombre.
- Haré lo que quieras.- pidió Arisa.
- No.- negó Tanya. - Seré tu esclava un mes.
- No.
- Lustraré tus botas por un año.
- No.- negó Tanya, por cuarta vez.- ¿Por qué no quieres salir con ese tal Hyuga?
- Porque lo conozco.- gruñó Arisa.- Y he de estar loca, por años recé para que esto sucediera y ahora que al fin tengo lo que quiero, me niego a aceptarlo.
- Bien dicen por ahí: Cuidado con lo que persigas, puede que lo consigas.- sentenció Tanya.- Si tanto lo querías, pues aprovecha.
- Ya no lo quiero.- gruñó Arisa.
- Pues lo siento mucho.- replicó Tanya.
La rusa siguió andando, pensando en el vestido que usaría esa noche; la verdad era que si se hubiese tratado de otra persona, Tanya le hubiese hecho el cambio a Arisa, pero su misión se trataba de Ken Wakashimazu y no la podía desaprovechar... A la rusa le había encantado conocer a ese hombre apuesto y que a todas luces se notaba que tenía buen cuerpo y que debía ser buen amante. La última vez que Tanya salió con Ken, él no había perdido tiempo y ya al poco rato le había metido mano en el escote. Había sido precipitado, quizás, pero eso a Tanya la había dejado con ganas de algo más...
Así pues, Tanya buscó entre su guardarropa algún vestido que le quedara bien. Encontró uno gris perla con escote hasta donde la espalda pierde su casto nombre y con un súper escote que la hacían verse muy delgada. La rusa se metió a bañar y comenzó a enjabonarse sensualmente cada parte de su cuerpo, pensando en el karateca. Se sentía algo excitada, y muy emocionada, si bien estaba prohibido acostarse con los clientes, Lily ya se había acostado con Genzo, Vicky con Kenji y quien sabe de las demás. Así pues, Tanya no se iba a quedar atrás...
La chica se maquilló y se peinó lo mejor que pudo. Arisa, por su parte, se negó a aceptar que sí se moría de ganas de ver a Hyuga; la chica se la pasó quejándose unos cuarenta minutos mientras Lily seguía golpeando el saco. La mexicana llegó a la conclusión de que todos los japoneses eran unos idiotas.
- ¡Y vaya que lo son!.- gritó Arisa.- Creen que pueden tomarte como si les pertenecieras y después botarte como si nada.
- Y que lo digas.- Lily seguía enfurecida por el arrumaco que había tenido con Genzo.- Todos se largan cuando se cansan de tenerte.
- Eso es verdad.- gruñó Arisa.- Aunque bueno, el caso es que por lo menos a ti Genzo no te ha dejado.
- Como si me importara.- replicó Lily.
Arisa se dio cuenta de que no se podía seguir quejando y empezó a vestirse y a arreglarse. Para no querer acudir a la cita, la chica iba muy bien arreglada, cosa que Lily le señaló.
- Tiene que darse cuenta de lo que perdió.- gruñó Arisa.- Así aprenderá.
- Como digas... .- Lily se dejó caer sobre la cama.
Ken se quedó con la boca abierta cuando vio bajar a Tanya; se veía simplemente espectacular. La rusa apenas y esbozó una sonrisa y se acercó al muchacho, extendiendo lánguidamente una mano, la cual Ken tomó y se la besó suavemente.
- Te ves maravillosa.- dijo él, con sinceridad.- Me dejas sin aliento.
- Lo mismo digo de ti.- sonrió Tanya, coquetamente.
El karateca le ofreció su brazo a Tanya y la chica lo tomó, y ambos salieron de la mansión. Arisa los vio salir, desde lo alto de la escalera y gruñó; de verdad que esa desgraciada no le iba a cambiar el reto. Muy a su pesar, Arisa estaba emocionada, ya que habían pasado años desde la última vez que ella vio a Hyuga y se preguntó cuánto habría cambiado él. Bueno, pronto lo descubriría, no pasaron ni cinco minutos cuando Kojiro se apareció vestido muy formal, con un traje que marcaba todos los músculos del joven. Arisa, sin querer, se quedó con la boca abierta, aunque ella no fue la única; cuando Kojiro vio bajar a la chica, tuvo un estremecimiento que le llegó hasta los huesos. Arisa se veía divinamente preciosa y tremendamente sensual.
“Con las ganas que me dan”, suspiró Kojiro.
- Hola.- dijo él.- Tiempo de no verte.
- Lo mismo digo.- replicó Arisa.- ¿Nos vamos?
- ¿Nada de “cómo has crecido” o algo similar?.- se mofó Hyuga.
- Ya no pierdo el tiempo en tonterías.- replicó Arisa.- ¿Nos vamos o qué?
Hyuga optó por ya no decir nada y le ofreció su brazo a Arisa; la chica lo tomó y caminó con mucha dignidad, sin darse cuenta que Kojiro no despegaba la vista de su escote.
Lily, por su parte, después de refunfuñar por horas por Genzo y su actitud de macho, se dio una ducha y decidió buscar algo de comer. Frente a ella apareció entonces el perro de Wakabayashi, John, moviendo juguetonamente la cola.
- ¡Guau!.- dijo el perro.
- ¿Qué quieres?.- preguntó Lily, algo molesta. Normalmente ella se llevaba bien con John pero en ese momento le recordó a su baboso dueño.
- ¡Guau, guau!.- ladró el perro, jugueteando.- ¡Guau!
- Uhm, como si te fuera a entender.- gruñó Lily, decidiendo ignorar al perro.
Fue entonces cuando John se metió al cuarto de Lily y tomó una de sus tangas, echando a correr. La chica, escandalizada, juró darle alcance al perro para cocinarlo en tacos al pastor; el perro corrió por toda la mansión hasta meterse a una zona a la cual Lily nunca había ido. La chica siguió al atrevido can hasta llegar a una habitación lujosa, la cual tenía todas las luces encendidas; John se metió a otro cuarto adjunto, el cual Lily supuso que se trataba de un baño. La joven decidió ir tras su tanga atrapada en el hocico del perro, pero se quedó de una pieza al ver a Genzo bañándose con la cortina de baño abierta. El agua caliente caía sobre el cuerpo musculoso y desnudo del hombre, resbalando por su espalda ancha y llegando hasta su bien formado y apetecible trasero. Lily se quedó con la boca abierta al ver la delicia con la que Genzo disfrutaba el agua. El portero escuchó al perro, más no vio a Lily.
- ¡Hola, John!.- dijo Genzo, feliz.- ¿Qué traes, amigo?
- ¡Guau!.- ladró John.
- Espera un segundo.- Genzo cerró la llave del agua y cubrió sus muy notables partes nobles con una diminuta toalla.- Déjame ver que traes ahí, amigo.
Lily vio como Genzo le quitaba la tanga a John del hocico y la miró, con cierta lascivia.
- ¿De dónde tomaste esto?.- preguntó Wakabayashi, soltando una risilla.- Está prohibido robarse la ropa interior de las modelos.
- ¡Guau, guau!.- ladró John.
Genzo miró detenidamente la prenda y la sostuvo frente a él, metiendo ambas manos en los huecos correspondientes a las piernas.
- Veamos, ¿a quién le pueden quedar?.- le preguntó Genzo a John.- Por el tamaño... Juraría que son de Lily... Esa mujer tiene un cuerpo bárbaro, aunque nunca se lo diré, así como tampoco le diré que me gustaría volver a acostarme con ella.
Lily sintió que el rubor se le subía al rostro; enojada, salió de la habitación lo más rápido que pudo y sin hacer ningún ruido.
“Que se quede con la tanga”, pensó ella, enojada. “Será lo más cerca que va a estar de mí”.
Volviendo a la fiesta, la cual estaba muy animada, Ken presumía a Tanya con cuanto hombre se le pusiera enfrente, cosa que a la rusa le fascinaba. A ella le gustaba sentir la mirada de lujuria de los hombres y la admiración de Ken por tener una compañera tan bella. Lily siempre decía que eso era menospreciarse como mujer, pero Tanya no le hacía caso. Y menos ahora que la mexicana se había acostado con Genzo...
En fin...
Sea como fuere, la fiesta estaba atendida otra vez por los camareros rusos de la otra noche, cosa que puso a Tanya en alerta. Ella recordó que Lily había mencionado algo pero la rusa no le había prestado mucha atención, en el escándalo que se hizo por haber dormido con un hijo del jefe. Sin embargo, en esos momentos a Tanya le pareció sospechoso que se hubieran contratado exactamente a los mismos hombres para servir; y más que nada porque ellos hablaban ruso.
- ¿Pasa algo?.- preguntó Ken.
- No mucho.- Tanya paraba la oreja para saber que decían los otros.
- ¿Segura?
- Bien segura. Ahora déjame oír, por favor.- pidió la rusa.
Los dos camareros que estaban cerca de Tanya decían cosas como “No vino esta noche”, “Nadie se encargó de invitarlo”, “No tiene relación con este equipo” o cosas similares. Tanya intentó escuchar el nombre de la persona de la quien hablaban, sin éxito. Los camareros miraron de forma sospechosa a Tanya, la cual fingió un acceso de tos para despistar.
- ¿Estás bien?.- Ken se apresuró a socorrerla.
- Por supuesto.- asintió Tanya.- Gracias.
La chica le dio la excusa a Ken de que tenía que ir al baño y se levantó, aunque en realidad también fue a seguir a los camareros, tal y como lo había hecho Lily, llegando hasta el jardín del hotel en donde se estaba llevando a cabo la fiesta. Sin embargo, en esa ocasión los hombres no fueron tan desconfiados y le cerraron el paso a la rubia en un corredor de rosas.
- No irás más lejos de aquí.- dijo un camarero, en alemán.
- ¿Y por qué no?.- replicó Tanya, en ruso.- ¿Alguna fiesta privada?
Los dos hombres se miraron entre sí, sorprendidos de que ella supiera hablar ruso, pero sin embargo no pasaron mucho tiempo sorprendidos ya que de inmediato intentaron atacar a la chica. Tanya, sin embargo, ya se lo esperaba y sin esperar más tiempo, esquivó los dos golpes de los camareros y les regresó el ataque. Ken, algo preocupado por la tardanza de la chica, salió a buscarla y entonces la encontró peleando contra dos de los camareros. Ni tardo ni perezoso, Ken se dispuso a ayudar a su dama y le propinó algunos buenos karatazos a los hombres; entre Ken y Tanya no les costó trabajo dominar a los agresores y dejarlos fuera de combate.
- ¿Qué pasó?.- preguntó Ken, sacudiéndose su traje.- ¿Algún intento de secuestro?
- Es algo que ya no sabré.- Tanya se acomodó el pelo, el cual había perdido su elegante peinado.- Pero por ahora no importa.
Varios camareros más empezaron a salir del hotel, muy probablemente buscando a los otros dos, y Ken tomó a Tanya por la mano y la llevó con él al jardín. Los dos se perdieron entre el perfume de mil rosales y Ken se dejó caer en un pequeño claro, después de correr un rato.
- No creo que nos encuentren.- dijo él.- Y además, ya me lastimaron los zapatos.
- Supongo que no habrá problema.- Tanya comprobó que verdaderamente se encontraban muy lejos de los otros.- Y además, eres bueno defendiéndote. No sé para qué me contrataste.
- Porque quiero ver si puedo seducirte.- murmuró Ken, incorporándose.
- Iluso.- replicó Tanya.- Nadie puede seducirme, es más fácil que yo te seduzca a ti.
- Inténtalo.- la retó él.
Tanya aceptó el reto. Claro, estaba prohibido acostarse con los clientes, pero a ella le venía valiendo un pepino. La rusa empezó a hacer striptease moviendo muy provocativamente las caderas y acariciando sutilmente el pecho del hombre y jugueteando con su corbata. Ken se maravilló con el baile de la rusa, y se dejó “consentir” por ella. Tanya arrojó a Ken al pasto y empezó a desabrocharle el pantalón para empezar a maniobrar con su “amiguito”. Ken se sintió momentáneamente transportado al paraíso, y más cuando Tanya llevó sus labios hasta esa zona tan sensible.
- Creí que ibas a seducirme.- murmuró Ken, entre oleadas de placer.
- ¿Y no es eso lo que estoy haciendo?.- preguntó Tanya, deteniéndose por un momento para quitarse el vestido y quedarse únicamente en una tanga.
Ken supo que ella había mordido el anzuelo y no iba a dejarlo ir. El karateca acarició los senos de la rusa, quien únicamente esbozó una sonrisilla.
- Necesitas algo mejor que eso.- dijo Tanya, burlona.
- ¿Ah, sí?.- Ken atacaba con sus labios el cuello de la chica.- ¿Algo como qué?
- No lo sé.- murmuró Tanya, perdida ya entre tanta caricia.
De pronto, ella se separó y se quitó la tanga, quedando completamente desnuda, para después arrojar a Ken nuevamente al suelo y juguetear con su miembro ya erecto. Ken se dejó caer y soltó una exclamación de gusto cuando Tanya se montó sobre él. La rusa empezó con su juego sexual, moviéndose lentamente, de un lado a otro, de arriba abajo, volviendo loco a Wakashimazu, el cual tomó a la chica por la cintura para hacer que ella se meneara más rápido. Tanya cabalgaba sobre él con mayor ímpetu, mientras que Ken masajeaba sus duros senos y los probaba de vez en cuando. Ambos estaban ya sudorosos, enfrascados en el juego en el que ambos habían caído y el cual estaban disfrutando a más no poder.
- Ah, Tanya, qué bien te mueves.- gimió Ken, presa del placer.
- Tú tampoco lo haces nada mal.- musitó Tanya, jadeando desesperadamente.
Al final, ella llegó al orgasmo primero que él, pero a Ken le llegó el éxtasis al sentir como la joven vibraba sobre él. Tanya se dejó caer exhausta sobre el pecho de él.
- No eres mal amante.- sonrió la rusa, con picardía.
- Tú tampoco.- replicó Ken.
No muy lejos de ellos, los rusos seguían buscándolos pero a ambos eso les tenía muy sin cuidado.