Mente Perturbada - Resident Evil

BY : Zhines
Category: Spanish > Games
Dragon prints: 1486
Disclaimer: Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a CAPCOM, las historia es para entretenimiento, sin fines lucrativos

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a CAPCOM, los personajes utilizados aquí son solo para entretenimiento y no tienen ningún fin lucrativo, solo me pertenece la trama y personajes adicionales no creados por CAPCOM.

Advertencia: este fic contiene altos niveles de violencia, lenguaje obsceno, situaciones sexuales adultas, si algo de esto le molesta, por favor NO LO LEA.

 

Mente Perturbada

El Inicio del infierno

30 de Julio de 2015

Ada

El día reflejaba una tranquilidad que hacía tiempo no sentía, el tono rubio del sol, el viento fresco, la vida a su alrededor, niños jugando en el parque, con su inocencia desbordada, ajenos a la maldad del mundo, sin embargo, allí pensando únicamente cuanto tiempo les queda para jugar antes de volver a casa. El día de hoy comparto esa felicidad de la tranquilidad, después de tantos años corriendo y huyendo de tantas amenazas biológicas, de enemigos impensables, al fin tenia libertad para andar en la calle sin preocupaciones, más que las de una ciudadana normal, un esposo cariñoso y trabajador al que atender y una linda casa con un jardín lleno de las rosas rojas que me gustan tanto.

Camino casi saltando de felicidad, quiero gritar a los cuatro vientos la noticia, mi querido esposo está culminando una misión en otra ciudad, ya mañana volverá a casa, pero no puedo esperar hasta mañana para darle la buena noticia. Su teléfono me envía al buzón de mensajes, así que decido dejarle uno

—Hola guapo, me habría gustado darte esta noticia en persona, pero no podía esperar hasta mañana, nuestras sospechas han sido confirmadas, estoy tan feliz, que casi brinco de la felicidad, por ahora solo quiero que regreses a casa para planear nuestro nuevo futuro, te amo Leon – con esa dulce frase me despido de quien es mi esposo desde hace un año.

El año anterior había sido estresante, se llevó a cabo un juicio en mi contra, pero con las pruebas quedo demostrado que nada tuve que ver con las tragedias relacionadas al virus C. Quizás algunas personas no quedaron conformes con el veredicto, pero me tienen sin cuidado.

Me dirijo hacia mi auto, sin embargo, veo una tienda, una de esas que tiene todo en pequeño, pero tierno y hermoso, no resisto la tentación y entro, no quiero comprar todo hasta que este Leon, pero un gran oso de Peluche color miel llama mi atención, al final salgo de la tienda con el oso, y varios conjunticos en colores verde, blanco y crema. Es muy pronto para comprar algo azul o rosa.

Por fin llego a mi auto, coloco todo en el asiento de atrás, luego me posiciono en el asiento del piloto, pero al tomar el volante, me pincho con algo, por instinto, me chupo el dedo, de repente me siento mareada y con mucho sueño, mi vista se nubla, veo una figura imponente acercase al auto, antes de caer en la inconsciencia, sé que he caído en una burda trampa…

.

.

.

No sé cuánto tiempo he dormido, tengo las muñecas entumecidas, una corriente de aire frio recorre todo mi cuerpo, abro pesadamente los ojos, de inmediato veo una horrible habitación gris, con unos pocos muebles, caigo en cuenta de mi horrible posición: estoy colgada del techo con unas cadenas que en la punta tienen un par de esposas una para cada muñeca, mis piernas se encuentran separadas igualmente sujetas por cadenas una en cada tobillo, pero eso no es lo peor, alguien, seguramente mi captor, me ha despojado de mi ropa, dejándome solo con mi brasier y pantis. En definitiva, no es para nada una buena señal.

Fue entonces, cuando divise el uniforme verde, al reconocer dicho uniforme me llene del odio más feroz e intentó soltarme y lanzarme contra el enemigo a la vista, comprendo al instante lo que el maldito quería de mí.

—De modo que por fin recibirás tu merecido castigo Ada.

—Te recuerdo, que fui absuelta de todo lo que se me acusaba Chris.

—Solo creo que tuviste suerte, sin embargo, yo mismo seré tu juez y verdugo, te hare pagar por cada persona que murió por tu culpa.

—Yo no hice nada malo, los culpables de lo que paso, están muertos, ahora recapacita, y déjame ir.

—¿Crees que te dejare ir? Entiende una cosa, este será tu mundo el resto de tu vida, no saldrás de aquí, jamás.

—Estas demente, déjame salir, Leon vendrá a buscarme y no te ira muy bien – por alguna razón estoy empezando a sentir un miedo inexplicable.

—No perra, no me estas entendiendo, esta habitación es a prueba de ruidos, está escondida, y no deje rastros, nadie sabe dónde estás – se acerca a mí y me propina un golpe directo a mi quijada, en seguida la sangre brota de mi mandíbula.

—Vaya que si eres frágil Wong – vuelve arremeter contra mí, esta vez contra mi mejilla izquierda – Estas a mi merced, hare contigo lo que me plazca — enseguida recuerdo mi condición y entro en pánico.

—Por favor, no le hagas daño a mi bebe – digo desesperada, pues era un hecho que el próximo golpe iría a mi estómago, él se detiene frente a mí, y hala mi cabello haciendo que lo mire a la cara.

—¿Qué acabas de decir perra? ¿Cuál bebe? – me dice con sus ojos llenos de ira.

—El que llevo en mi vientre, tengo dos meses de embarazo – me suelta.

—¿Por eso salías de ese consultorio?, así que llevas a un bastardito en tus entrañas.

 

Retrocede unos pasos y camina de un lado al otro meditando, quizás mi hijo sea motivo suficiente para que me deje ir.

 

—Bueno, esto solo cambia el método de castigo, si te denigrare de una forma tal, que desearas la muerte — Así que sin más se quitó toda la ropa, dejando a la vista su gran miembro.

—¿Qué vas hacer? – dije con terror

—Te quitare tu dignidad, tu cuerpo me pertenece ahora, dispondré de él cuándo me plazca, y deberás obedecerme, sino tomare un cuchillo, abriré tu vientre sacare a tu bastardo, y seguiré usando tu cuerpo hasta el día en que mueras Wong – mientras decía esto se frotaba con la mano su miembro y se acercaba a mí.

—Aléjate de mí, estas equivocado, yo no te hice nada – decía mientras intentaba no perder la calma.

—Claro que sí, Carla Radames y Derek Simmons se hicieron con tu ADN, ese maldito clon tenia tu ADN, por lo que pensaba igual que tú, así que tarde o temprano ibas a acabar haciendo lo mismo o peor – ya frente a mí, me observaba como un completo sádico.

—No puedo negar que eres una muy hermosa y sensual perra, harías excitar a cualquier hombre con solo verlo, de ahora en adelante solo me excitaras a mí – y diciendo esto arranco mi brasier salvajemente, enseguida sus manos tocaban salvajemente mis senos, se inclinó buscando saborear entre sus labios mis senos con su asquerosa boca. Pero entonces, le propine un soberbio cabezazo al tiempo que con las dos rodillas le propinaba un tremendo rodillazo en sus desnudas partes, aullando de dolor, el capitán retrocedió de un salto, mientras también bramaba.

 

—¡Con que te gusta el juego duro, eh maldita! ¡Pues te vas a enterar, pedazo de ramera China!

 

Camino hasta el estante de atrás y tomo un control remoto, al accionarlo mis piernas quedaron prensadas por las cadenas, por más que quisiera no las podía mover, además de que al apretar otro botón mis brazos quedaron más apretados, además de que quede varios centímetros lejos del suelo.

 

—Ahora te voy a poseer como la ramera que eres – se volvió a colocar frente a mí y empezó a golpear fuertemente mis senos, tanto que los dejo muy rojos y sensibles, luego tomo mis pantis y las jalo muy fuerte hacia arriba, haciéndome gritar de dolor, con ambas manos las abrió destrozándolas, tomo su falo el cual había tomado un tamaño algo exorbitante, y se acercó a mí.

—¡Por favor!, no lo hagas, te lo ruego – ignorando mis ruegos me empalo hasta lo más profundo de mi ser, haciéndome gritar, sucesivamente comenzó a entrar y salir de mí, con fuerza, con violencia, además de que con su mano derecha torturaba mis senos, con su mano izquierda buscaba mi ano, sentía como si me rompiera por dentro, un dolor indescriptible me embargaba, no era como cuando tenía relaciones con Leon quien, aunque tenía un miembro grande, me hacía el amor con dulzura y era placentero.

 

Logro meter su dedo en mi ano haciéndome gritar nuevamente, enseguida con su boca empezó a morder mis pezones, como si quisiera sacarlos de mí.  De repente saco su miembro de mi cuerpo, tomo nuevamente su control remoto y esta vez las cadenas se movieron, en el techo había un carril en forma de triángulo, a mi derecha había una cama, a la izquierda un vil intento de baño: un inodoro, un lavabo, me percate de algo: toda la pared de fondo estaba cubierta por espejos.

 

Al llegar a la cama, el sistema de poleas me hizo quedar sobre ella, el apretó otro botón y las cadenas quedaron menos estiradas dándome un poco de libertad, enseguida se lanza sobre mi haciéndome caer en la cama, rápidamente toma mis pies y los sujeta a la cama, pero dejándolos un poco sueltos, luego se coloca sobre mí y ajusta las esposas al tubo superior de la cama, en el proceso su asqueroso miembro lleno de mis fluidos y sangre, me roza la cara, al terminar baja un poco y queda su cara frente a la mía, yo volteo hacia otro lado, él toma mi rostro y me obliga a mirarlo.

 

—Eres deliciosa por dentro perra, voy a marcar tanto tu piel, que desearas que este dentro de ti todo el tiempo, ves ese triángulo en el techo, esa será tu única ruta, el centro de la sala, esta cama, y el baño, estarás siempre esposada, siempre desnuda para mí, te violare antes del desayuno, del almuerzo y de la cena, te violare al amanecer, antes de dormir, despierta o dormida, deberás estar dispuesta a recibirme a toda hora sin protestas, y no importa cuánto grites nadie te escuchara nunca. Y cuando deba salir a alguna misión, te dejare comida por su puesto, pero te dejare puesto un arnés con dos consoladores uno para cada agujero tuyo, para que no te desacostumbres, y no se te ocurra quitártelos pues una cámara siempre te observara, a menos que sea para ir al baño, pero luego deberás volverte a colocarlos, de ahora en adelante eres mi esclava, tu cuerpo me pertenece solo a mí – diciendo esto me volvió a empalar duramente haciéndome volver a gritar. Esta vez consumó la violación hasta el final; hasta vaciarse por entero dentro de mí, mientras berreaba como un búfalo.

 

Se deslizó por fin de encima de mí. Su mano se ubicó en mi vagina y empezó entrar en ella de forma violenta, haciéndome gritar, luego se levantó, tomo de nuevo el control y esta vez me llevo al baño, al llegar a él me doy cuenta que hay una ducha, y un desagüe, enseguida abre la llave y de manera brusca me baña el bastardo, luego se baña él, sin previo aviso me toma por la espalda y me empala, pero esta vez lo hace por mi ano, el desgraciado no me suelta hasta expulsar dentro de mí su asquerosa esencia. Me seca con una toalla y me lleva nuevamente hasta la cama, nuevamente toma mis manos y las sujeta a la parte superior de la cama y mis pies los sujeta a la parte inferior, estoy tan conmocionada por lo que pasado que no intento escapar, estoy aterrada, se dirige a un cajón y se aparece con un consolador muy grande con algunas ligas.

 

—Tu primera noche aquí, tiene que ser empalada por el ano, así que relájate o te dolora mucho, pues de una forma u otra lo meteré y no me importa si te duele o no –  se sienta frente a mí, escupe sobre el consolador y lo ubica en la entrada de mi ano, y sin más lo empuja fuertemente, haciéndome gritar de dolor, me retuerzo en  la cama, el con sus grandes manos me retiene, luego ajusta el consolador dándole vueltas dentro de mí, y con las ligas que las coloca como un suspensorio alrededor de mi pelvis.

—Bien Wong, estás lista para dormir, cuando no te resistas es posible que te deje un poco más suelta para dormir – y estando a su merced, mete sus dedos dentro de mi vagina, torturando mi clítoris, momentáneamente me excito por primera vez en lo que va de secuestro, pero al cabo de un rato, se convierte en tortura, mientras yo gritaba.

—Para… por favor… déjame ir… hazlo por mi bebe… – sin embargo, el solo me ignoraba, permaneció así más de una hora. Luego se levantó y se fue de la habitación; sin poder evitarlo yo lloraba a lágrima viva, tanto por el dolor físico como por mi dolor mental.

 

He sido doblegada, ultrajada, denigrada y violada en todos los sentidos por el desgraciado asqueroso Chris Redfield

.

.

.

 

Después de varias horas de desesperación, de no saber que me depara el destino en manos de ese hombre, logre dormir.  Sin embargo, el despertar esa mañana es la más horrible, dolorosa y humillante de mí vida: Chris Redfield me despertó penetrándome de manera salvaje, tomando mis senos torturándolos con sus manos y boca.  Al cabo de unos horribles minutos, se descargó por completo dentro de mí.

 

—De ahora en adelante así serán el comienzo de tus días, tu deliciosa vagina recibiendo mi pene.

—¿Qué piensas hacer cuando nazca mi bebe?

—Aún no lo decidido, pero es obvio que no dejaré que lo conozcas, no mereces disfrutar ningún momento de felicidad, no la mereces —  diciendo esto se alejó y luego se acercó con una bandeja, la colocó sobre una mesita que estaba junto a la cama, soltó el amarre de mis muñecas y tobillos de la cama, así que solo me retenían las esposas con las cadenas, tomó el control remoto y al accionarlo se relajó un poco la tensión de las cadenas.

—Come, no quiero que te mueras de hambre Wong, el único trato amable que recibirás de mi parte será la comida.

 

Se fue de la habitación y me pude sentar, aunque fue un proceso doloroso debido al consolador aun clavado en mí, otra vez no pude evitar llorar, mientras tocaba mi vientre, no podía evitar pensar en el horrible futuro que tenía por delante sino lograba salir de este infierno, por el momento me obligue a comer.  Tenía tanta hambre que devoré todo rápidamente,  luego me percate que podía moverme por el carril en forma de triángulo en el techo,  así llegue como pude al baño,  principalmente me deshice del horrible consolador y sentí un gran alivio,  realicé mis necesidades fisiológicas , pude ver un cepillo dental junto a una crema dental y un peine,  me doy un baño, quiero tratar de quitarme todo rastro de ese mal nacido de Redfield,  lloro desconsoladamente bajo el agua y logró acurrucarme en el piso,  sujetando mis piernas con mis brazos,  estoy viviendo toda una pesadilla de la que no sé cómo escapar,  escondo mi cara entre mis piernas.  Y me quedo así un buen rato, de repente unos rudos y fuertes brazos me levantan de sopetón y me arrinconan contra la pared del baño.

 

—¿Por qué demoras tanto en el baño? Te dije que no podías sacarte el consolador – mientras dice esto me golpea fuertemente en el rostro, yo no logro articular palabra y solo sigo llorando, cierra la llave del agua, toma el consolador del suelo y me arrastra por el carril hasta el centro de la habitación, lleva de nuevo mis manos hacia el techo con las esposas y separa nuevamente mis pies, ahora me percato que hay unas argollas en el suelo, de las cuales vuelve a sujetarme. Al pararse frente a mí me abofetea el rostro tan fuerte que casi me ahogo con la sangre en mi boca.

—Esto no es nada Wong, es solo el inicio del resto de tu vida, y mientras más te resistas será peor para ti —  acto seguido se despoja de su pantalón, la ropa interior y de nuevo volvió a abusar de mí, cuando acabó, se dirigió al estante y saco un arnés diferente y otro consolador, tomó el que estaba en el suelo, seguidamente me incrustó uno en mi vagina y otro en mi ano, esta vez yo gritaba muy fuerte ya que el dolor era insoportable. Luego accionó su control remoto y quedé suspendida cómo un metro del suelo.

—Te quedarás así hasta la cena, eso es por haber desobedecido mi orden de no quitarte el consolador —  mientras decía esto torturaba mis pezones haciéndome gritar aún más. Luego recogió su ropa y salió de ahí, dejándome colgada, empalada, y con mi moral en el suelo.

 

Perdí la noción del tiempo, mis brazos estaban entumidos, como no había ventanas no podía saber si era de día o de noche.  Redfield apareció después de lo que me pareció mucho tiempo.  Puso una bandeja en la mesita, me desató los pies de las argollas y accionó su control remoto, me traslado a la cama, soltándome como en la mañana para comer, sin decir palabra se fue a un extremo de la habitación y se sentó a observarme, yo no tenía ánimos de comer, pero sé que tenía que hacerlo pues necesitaba alimentarme por mi bebe, ya me había saltado el almuerzo.  Así que me forcé para sentarme, ya que aún me dolía tener ambos consoladores dentro de mí, comí bajo la atenta mirada del desgraciado. Una vez que terminé, él se levantó tan rápido que retrocedí del miedo que me causó.

—Eso es perra, debes tenerme miedo —  dicho esto me tomó de los brazos y me forzó a besarle, Luego me llevó a la cama y sujeto mis manos otra vez a la misma. Se despojó de su ropa, y se sentó de manera que su miembro quedo sobre mi cara.

—Vas a chupar mi pene, como una perra hábil que sé que eres, y ni se te ocurra morderme, porque te va a ir peor   —  sin más con sus manos abrió mi boca y metió su asqueroso pene, haciendo que casi me atragantara con él.  Después de unos horribles minutos acabó dentro de mi boca, antes de que pudiera escupir el habló.

—Trágatelo todo Wong —  sin embargo tuve unas arcadas y terminé vomitando.

—Maldita perra— me abofeteo tan fuerte, que me dejo inconsciente...

 

Cuando por fin despierto me encuentro en el centro de la sala colgada del techo, miro al mí alrededor y no hay señales de Redfield, tampoco señales de que haya vomitado, aunque aún continúo con los consoladores dentro de mí. Creo que es más de media noche y trato de dormir. Tengo horribles sueños, que se confunden con la realidad que estoy viviendo…

 

Un ruido me despierta y pone alerta, enseguida Redfield aparece en escena.

 

—Ya estas despierta, ahora es tiempo de que te asees, anoche hiciste un completo desastre, te salvaste porque estabas inconsciente —  se acerca a mí y golpea mis senos como si fueran peras de boxeo, luego me arrastra por el carril hacia la ducha y saca de golpe ambos consoladores haciéndome gritar. 

 

Luego se va y me deja allí, enseguida aprovecho para revisar mi cuerpo y verificar que no tengo golpes en mi vientre, tomó un rápido baño, me desenredo el cabello, cepillo mis dientes, y hago mis necesidades fisiológicas.  Una vez término aparece mi castigador, es obvio que me observa por las cámaras, por supuesto aparece sin ropa, ya sé que abusara de mi otra vez, efectivamente arremete contra mí introduciendo su pene en mi vagina, estoy tan sensible que me duele más que antes, sujeta mis brazos fuertemente detrás de mí espalda.  Acaba dentro de mí, y aún con su miembro dentro de mí me lleva a la cama, allí sale de mí y empieza a masturbarse de modo que vuelve a la vida su miembro, enseguida vuelve a penetrante con más fuerza y violencia…

.

.

.

 

Así pasan tres meses,  meses en los que más de una vez deseé estar muerta,  Chris Redfield me torturaba,  me poseía al menos cuatro o cinco veces al día, sin contar las noches en las que se aparecía despertándome tomando mi cuerpo,  normalmente solo me ponía un consolador en el ano,  mientras que dejaba mi vagina libre por si se le antojaba penetrarme,  salió al menos cuatro veces por largos períodos en los que me dejaba con los consoladores puestos, suficiente comida la cual debía rendir para el tiempo que estuviera fuera,  ese tiempo trataba de aprovechar si había alguna forma de escape,  pero no hallaba la forma,  el muy maldito calculo todo no había forma de escape,  al menos desde dentro,  mis muñecas y tobillos tenían ya magulladuras evidentes, en los que Redfield me dejaba caer alcohol para desinfectar.

 

También me trataba de mantener fuerte por mi bebe, ya mi vientre se estaba abultado, según mis cuentas ya tenía más de cinco meses.  A todas estas Redfield solo cambio algunas formas de poseerme debido a mi vientre. Sin embargo, aunque mi vientre estaba evidentemente más grande, yo estaba delgada, era obvio que tenía una mala alimentación, y seguramente necesitaba vitaminas que el bastardo no iba a darme. Tenía miedo de perder a la única razón de seguir viviendo: mi bebe

 

A todo esto, bien que mal, estaba adaptándome, pues al desespero se impuso el sentido práctico de la vida. Los momentos en que sufría las agresiones sexuales eran de verdadero tormento, pero aprendía soportarlos estoicamente, sin quejarme, sin siquiera llorar… Era algo así como aceptar que tengamos que tomar algo que aborrecemos pero que no hay manera de evitarlo, confiando, simplemente en que eso acabe cuanto antes…

 

Un día después de la respectiva lección, pues así las llamaba el desgraciado a los ataques sexuales, se vistió y trajo un monitor, me colocó en el medio de la habitación.

—Hoy sufrirás de un modo diferente — dicho esto me introdujo los respectivos consoladores, que mensualmente cambiaba por unos más grandes y gruesos cada vez.  Encendió el monitor y se vieron dos ambientes: una sala y un comedor

 

El hombre salió , en menos de un minuto apareció en escena, así que debíamos estar en su casa, se dirijo a abrir la puerta, era solo video sin audio, sin embargo, la imagen a continuación acelero mi corazón: mi esposo Leon Kennedy, entraba a la casa, enseguida empecé a gritar como loca su nombre, era la oportunidad perfecta para salir de ahí, trate de soltarme de las esposas, pero estas como antes no cedían, mientras en el video veía a Leon demacrado, era obvio que la estaba pasando mal debido a mi desaparición, y el mal nacido Redfield, le palmeaba la espalda como si le diera ánimos, que hipócrita.

 

Yo en mi desesperación seguía gritando, y moviendo como loca las cadenas. Llego el momento en que Leon se levantó y se dirigió a la salida, antes de salir ambos hombres se abrazaron como hermanos, una vez que Chris Redfield estuvo solo en la casa, miro hacia la cámara, se despojó de la ropa y salió de escena, enseguida apareció en la habitación.

 

—Vaya, vaya, vaya, con que tu amado esposo no ha dejado de buscarte, si supiera que estuvo tan cerca de ti – cuando se acercó para poseerme, lo escupí con fuerza.

—Maldito desgraciado, vas a arder en el infierno, déjame ir, mal nacido.

—Pero que modales son esos, pensé que ya estabas domesticada, abra que volver a domesticarte – seguidamente saco ambos consoladores de mí, he inmediatamente me penetro de frente, sosteniéndome de los glúteos por lo que su pene llego más profundo.

—Suéltame Redfield, auxilio, alguien que me ayude – yo seguía gritando sin parar además de que lloraba, a cada embestida, cada vez más violenta por parte del sádico, luego cambio de posición y siguió dándome por detrás, hasta vaciarse por completo…

 

Por mi rebeldía de ese día el desgraciado me dejo colgada por tres días en el centro de la sala, él era que me bañaba, me llevaba al inodoro, y el que me daba la comida en la boca, por su puesto todo esto de manera brusca. De hecho, no salió de la habitación sino para buscar comida, esos tres días estuvo dentro de mí la mayoría del tiempo, gracias a que se tomaba unas pastillitas para mantener su erección siempre activa, en la noche me ponía en la cama y se dormía con su erección dentro de mí.

.

.

.

 

Así se pasaron tres meses más, mi vientre de casi ocho meses sumado a la posición de estar colgada, me estaba causando estragos en mi columna, sin contar las magulladuras que tenía en mis muñecas y tobillos por las cadenas; la sensación de cansancio y agotamiento físico, era extremo, tanto que cuando el desagraciado me violaba, ya me daba igual. Ahora como no se podía montar sobre mí, me penetraba desde atrás, o me suspendía del techo para caer sobre él en la cama.

 

Un día durante la debida violación, estaba tan débil, que Chris Redfield tuvo que parar, salió de mi cuerpo y toco mi frente.

 

—Parece que la perra está enferma – soltó un poco más que de costumbre el amarre de las cadenas y me dejo en la cama.

—Voy a la farmacia para buscar algo que te baje la fiebre, luego seguimos donde quedamos Wong – diciendo esto tomo su ropa del suelo y salió de allí.

 

Temblaba irremediablemente, tenía mucho frio y en esa horrible habitación no había nada con lo que cubrirme, además que últimamente mi bebe estaba muy inquieto, yo tenía mucho miedo de que pasaría cuando llegara, que haría ese desgraciado con mi hijo o hija, sinceramente ya no me preocupaba por mí, Redfield decía que una vez que naciera, se lo llevaría lejos de mí. Ya estaba cerca de perder toda esperanza de salir de allí.

 

.

.

.

 

Cuartel General de la DOS

LEON

Un hombre alto, fornido, de cabellos dorados, de mirada azul intensa, pero últimamente demacrada, se bajaba de su vehículo, hacia su lugar de trabajo, su móvil empieza a sonar, de inmediato reconoce el número.

 

—Hunnigan ¿Qué ocurre?

—Leon, ¿ya estas llegando al cuartel?

—Sí, voy hacia los ascensores.

—Ven directamente a mi oficina, es urgente — En seguida volé hacia la oficina de mi colega.

—¿Qué es tan urgente Hunnigan? – decía abriendo la puerta y cerrándola tras de mí.

—Leon, primero que nada, un equipo ya está listo a tu disposición para salir de inmediato… – espera alguna reacción de mi parte, pero solo la miro expectante – Recuerdas la huella dactilar que se encontró en el volante del auto de Ada, ¿que no coincidió nunca?

—Sí, ¿qué pasa con ella?

—Obtuve permiso para cotejarla con las bases de datos de todas las agencias y organizaciones ligadas al gobierno, y hubo un resultado.

—¿De que cual estamos hablando?

—La BSAA – de inmediato la ira desmedida llega, y la descargo golpeando la pared rompiendo un cuadro en ella con mi puño.

—Voy a matar al maldito desgraciado.

—Leon, tráelo con vida, debe pagar por todos sus crímenes – decía mientras palmeaba mi hombro.

—Tratare de no traerlo en una bolsa negra.

—El equipo de infiltración y rescate, está listo, prepárate y trae a Ada a casa — Al salir de la oficina, Helena Harper me esperaba.

—Leon por aquí, tenemos a Redfield ubicado, según las cámaras de seguridad, sale muy poco de su casa, justo en este momento está en una farmacia cerca del centro, es posible que lleguemos antes que él a la casa.

 

Durante el camino recargaba mi Magnum .45, solo tenía en mente en rescatar a mi esposa y poner una bala en la cabeza de Chris Redfield. Al llegar rodeamos la casa, entramos y buscamos por todos lados, Helena observaba un cuadro demasiado grande en la sala, al tratar de moverlo descubrió unas escaleras hacia un sótano, baje cuidadosamente con ella, allí había una puerta con un panel de control, sin más tome la magnum y dispare contra el mismo, de inmediato la puerta se abre, una luz tenebrosa ilumina la sombría habitación, unos cuantos muebles, una especie de baño, una cama de metal, sobre ella una temblorosa, desnuda, y con un gran vientre Ada Kennedy Wong, enseguida corrí hacia ella, sus manos y pies estaban sujetos por esposas y cadenas.

 

—Helena por favor busca algo con que cubrirla, antes de que baje el equipo médico, no merece que la vean así – Helena salió corriendo a realizar el cometido, enseguida tomo su rostro con suma delicadeza, ella se estremece con miedo.

—Ada, soy yo Leon, mi mariposa, ya todo acabo – ella abre sus ojos y me mira como si no pudiera creerlo.

—Leon, de verdad eres tú – hace un esfuerzo y toca mi rostro como verificando que no está soñando, allí llega Helena y me entrega una manta grande, además de una camiseta de la DOS, la cubro con la manta.

—Hay que soltarla – comenta Helena buscando soltar las cadenas.

—El usaba… un control remoto – pronuncia Ada haciendo un gran esfuerzo, Helena enseguida lo consigue, después de investigarlo rápidamente lo acciona y caen las cadenas del techo, luego busca en los cajones y consigue unas llaves.

—Creo que pueden ser de las esposas – ella empezó a probarlas en la de los pies y efectivamente eran las indicadas – Por Dios, sus tobillos están muy maltratados.

 

Me las entrega y enseguida solté la de las manos, Helena me paso la camiseta y entre ambos se la colocamos, la tome en brazos, para estar en ese nivel de embarazo no pesaba casi nada, Helena le acomodo la manta para tapar su desnudez de la parte de abajo de su cuerpo, al llegar arriba  la recibió el equipo médico, colocaron en una camilla, le colocaron oxígeno, apresuradamente la sacaron de esa horrible casa, cuando la iban a meter en la ambulancia, hubo un escándalo, los agentes habían atrapado a Chris Redfield, el cual peleaba para ir tras la asiática, y gritaba burdas incoherencias. Ada solo me tomo de la mano, comprendí que ella me necesitaba. Así que detuve mis deseos de matar al miembro de la BSAA.

.

.

.

ADA

Las luces de la ambulancia me deslumbraban, había pasado mucho en la oscurana de esa horrible habitación, sin embargo, el rostro de Leon observándome con ese amor que solo él me puede ofrecer, hacían que me sintiera segura y protegida.

 

Era obvio lo que Redfield había hecho conmigo durante todos estos meses, por tanto, cuando llegamos al hospital Leon pidió que solo me atendieran mujeres, sobre todo para el examen de violación, en ningún momento se separa de mí sosteniendo mi mano. La doctora a mi cargo nos dice como mis cavidades están completamente maltratadas. También un ultrasonido para ver en qué condiciones se encontraba mi bebe, aparentemente todo bien, habría que esperar el resultado de las pruebas de sangre, pero era obvia mi desnutrición, pues, aunque mi vientre era grande, yo estaba demasiado delgada.

 

Luego me trasladaron a una habitación privada, enseguida pusieron todas las comodidades posibles a mi disposición, sin embargo, no tenía fuerzas suficientes como para moverme.

 

Hacia el final de la tarde, Helena Harper se apareció con una grata sorpresa: Ropa materna, que incluían batas, conjuntos, además de ropa íntima, enseguida rogué a Leon de que me pusieran algo de eso, no me quería sentir desnuda, había pasado demasiado tiempo en esa condición. Una semana más tarde la doctora encargada de mi caso apareció con buenas noticias.

 

—A pesar de que esta aun desnutrida, ha mejorado notablemente, no vemos motivos para retenerla aquí, siempre que guarde un estricto reposo, y sigan las indicaciones al pie de la letra, además de asistir semanalmente a consulta.

—¿Puedo ir a casa? – la emoción de salir de ese hospital era evidente.

—Sí, puedes volver a casa – la doctora dio media vuelta saliendo de la habitación.

—Leon, por favor llévame a casa.

—Por su puesto Ada, nada me haría más feliz que tenerte de nuevo en casa.

 

Durante el camino a casa, ambos estuvimos en total silencio, Leon solo me miraba de reojo, y sonreía, su mirada era como de esperanza y alivio. Al llegar no tuve fuerzas para caminar, así que mi ojiazul, me tomo en brazos y llevo dentro. Cuando cruzamos el umbral, todo me impacto: estaba exactamente igual a cuando salí de casa el día en que Redfield me secuestró, sin poderlo evitar las lágrimas salían sin control. Leon me llevo al mueble y me abrazo protectoramente.

 

—Por Dios Ada, no puedo imaginar lo que has pasado estos meses, perdóname por no rescatarte antes.

—Siento asco de mi propio cuerpo, ese bastardo se encargó de eso.

—Escucha amor, no va a ser nada fácil, pero vamos a salir adelante, tenemos que hacerlo – lo dice mientras toca mi vientre protectoramente.

—Mientras él me usaba, solo pensaba que tenía que mantenerme por mi bebe – dije en un hilo de voz.

—Un día fui a su casa, a esa maldita casa, y me dijo que tuviera calma, que pronto aparecerías.

—Ese día puso un monitor frente a mí, te volví a ver después de mucho tiempo, yo solo gritaba y gritaba, aunque no me escuchaste, volvió la esperanza a mí, sabía que tú me estabas buscando, quizás pronto vendrías a rescatarme, y fue así – por primera vez en mucho tiempo volví a sonreír.

.

.

.

 

Leon

Ada, mi dulce Ada, su condición física y mental, está en un estado que jamás imagine ver en ella, su cuerpo mallugado y torturado, mientras que cualquier ruido o movimiento la asusta, incluso cuando la toco tiembla sin poder evitarlo, me hierve la sangre saber que Chris Redfield, abuso de ella innumerables veces durante todos estos meses, que uso su cuerpo que ella solo entrego a mí, para descargar su ira, pues en su mente perturbada era la forma de castigarla, por crímenes que ella no cometió.

 

Al día siguiente, recibí una llamada de Hunnigan, en esta me indicaba que me había conseguido un tiempo a solas con ese animal. Por su puesto Helena se quedó con Ada, pues no me atrevía a dejarla sola.

 

Al llegar al cuartel, Hunnigan me llevo de inmediato a donde lo tenían, ella apago la cámara que estaba dentro del cuarto de interrogación, antes de entrar me pidió mi arma y cuchillo. Cuando entre, Redfield quien estaba esposado, empezó a reír como maniático.

 

—¿Te crees muy gracioso Redfield?

—Sí, es que aunque me condenen, la puta asiática no podrá olvidarme nunca – enseguida algo se encendió dentro de mí, arremetí contra él, rompiéndole la boca en el acto. El escupió hacia un lado y siguió riendo.

—La putita pega más duro que tú.

—¿Por qué lo hiciste? Ella no te hizo nada.

—Claro que sí, su ADN corría por el cuerpo de Carla Radames, es cuestión de tiempo para que lo del Virus C se repita.

—Estás demente, ella jamás haría algo así, la perturbada era Carla y Simmons, no ella.

—Bueno al menos, le di su merecido, yo que tú la mantengo empalada todo el tiempo, para que no se le olvide cuando yo la poseía día y noche – allí perdí todo el autocontrol que tenía, lo golpee tanto, que su cara ya no tenía forma, lo seguí golpeando hasta que Hunnigan entro y me detuvo.

.

.

.

 

15 de Febrero de 2016

ADA

Cuatro semanas después, yo estaba más estable física y emocionalmente, aun me despertaba a media noche gritando, pero enseguida Leon me calmaba. Los moretones en mis muñecas y tobillos se estaban desapareciendo muy lentamente. Leon no se separaba de mi, tenía tantas vacaciones acumuladas que las tomo todas juntas. Su amiga y ahora también mi amiga Helena Harper, nos visita muy seguido, siempre con algún obsequio para mí o el bebe, esto lo agradecía enormemente. Ahora trataba de enfocarme en mi embarazo, tratar de recuperar el tiempo que me robo Chris Redfield, tenía entendido que lo tenían recluido en la prisión de máxima seguridad, a la espera de su juicio.

 

Estaba casi segura que me llamarían a declarar frente a la corte, claro ya habían tomado mi declaración, pero el volver a ver a ese ser despreciable cara a cara, no era algo que me agradara mucho.

 

Pero justo cuando llego la notificación de ir a declarar, no me negué pues era hora de cerrar ese capítulo traumático de mi vida, sin embargo, al llegar a la corte ocurrió algo: entre en labor de parto, por lo que me tuvieron que llevar a emergencias para tener a mí bebe.

 

Después de varias horas de trabajo de parto, tenía en mis brazos a Lara Kennedy Wong, una pequeña criaturita de ojos azules como su padre, y cabello negro como el mío. Yo no podía parar de llorar, pues por mucho tiempo tenía el temor de que no la pudiera conocer, pues esa era una de las amenazas constantes de Redfield.

 

Me jure a mi misma que tenía que superar todo eso que me paso, que el hecho de que Lara estaba conmigo, tenía que ser un motivo de esperanza y una nueva etapa en mi vida…

 

Unos quince días después de que naciera Lara, se llevó a cabo el juicio en contra de Redfield, aunque no hubo necesidad de que yo declarase, estuve en la corte, junto a Leon y con mi pequeña en brazos, en todo momento mantuve mi vista en alto, no tenía por qué bajar la mirada, pues en todo caso yo era la victima de ese degenerado.

 

—¿El jurado ha llegado a un veredicto? – preguntaba el Juez.

—Si su señoría – decía uno del jurado.

—El acusado de pie, Por el delito de secuestro, ¿Cómo lo encuentran?

—Culpable.

—¿Por el delito de privación de libertad?

—Culpable

—Por el delito de Violación?

—Culpable.

—¿Por el delito de tortura?

—Culpable.

—Bien, debido a que el acusado Christopher Redfield, en el pasado fue un excelente defensor de la humanidad, se le exonera de la pena de muerte, sin embargo, los crímenes atroces que cometió en contra de la Sra. Ada Kennedy, no pueden quedar impunes, por lo que lo condeno a una pena de 25 años, por cada cargo en su contra, para cumplirla de inmediato en una prisión federal, además de recibir atención psiquiátrica, ya que quedó demostrado que su Mente Perturbada, necesita tratamiento, caso cerrado.

 

En seguida varios guardias toman a Redfield y se lo llevan de la corte, pero antes de salir, me dedica una mirada sádica que me hizo tener escalofríos.

 

—Vámonos de aquí Leon – pedí de inmediato.

 

Al llegar a casa, nos llevamos una sorpresa, sentada en las escaleras de la entrada, se encontraba Claire Redfield, ella esperó a que bajáramos del auto.

 

—Por favor, no llamen a la policía, solo quiero hablar con ustedes —  pidió apenas nos acercamos, León y yo nos vimos, la dejamos pasar a la casa.

—Bien Claire, ¿tú dirás? —  dijo Leon cuando estuvimos adentro.

—Quiero pedirles perdón, perdón por todo el daño que hizo mi hermano, especialmente a ti Ada, sé que lo que hizo es imperdonable, de alguna forma me siento culpable, por no haber descubierto a tiempo las intenciones de Chris — era obvio que hablaba con mucha vergüenza y arrepentimiento.

—No es tu culpa, Claire —  comento León calmando su tono con ella.

—Más de una vez estuve en su casa durante estos meses, sin saber que te mantenía contra tu voluntad en el sótano, haciéndote todas esas cosas horribles y con tu embarazo, en serio, quiero que me perdonen a mí y a mi familia, eso no fue lo que nos enseñaron nuestros padres y abuelos.

Su Mente Perturbada, le hizo creer que era lo correcto, en su mente piensa que yo haría lo mismo que Carla o algo peor.

—Pero tú no eres Carla, ella está muerta.

—Claire, escúchame tú no eres culpable de lo que hizo tu hermano, al igual que yo no soy culpable de lo que hizo Carla, solo tenemos que tratar de seguir adelante, sin que lo que pasó nos ciegue el camino que hay que recorrer.

 

Ambas nos miramos con una sonrisa de esperanza en el rostro...



You need to be logged in to leave a review for this story.
Report Story